por @juanjo_ramos
Le comentaba a Ventura González y mis compañeros de deportes del periódico El Día después de la derrota en Vallecas que lo peor no era quedarse tan lejos del playoff, sino que desde que lo diéramos todos por perdido empezaría a funcionar la máquina del fango. Demasiados días hasta el primer entrenamiento de la próxima temporada (unos 75 entonces) como para que el ambiente estuviera calmado y pidiera cuentas, por supuesto, pero desde la reflexión y la serenidad. No con un mechero en una mano y un bote de gasolina en la otra.
Los pirómanos han hecho bien su trabajo. Ya nos han hecho olvidar que tenemos un buen entrenador (al que se puede renovar), un director deportivo que lleva dos años acertando en casi todo y una base de plantilla (Acosta, Milla, Villar, Aitor, Alberto, etc) que, convenientemente reforzada, puede aspirar a todo.
Desde que todos dimos (erróneamente como se ha demostrado después) la temporada por finiquitada, solo un hombre ha mantenido en público la coherencia: Joseba Etxeberria. El entrenador del Tenerife, que para mí podría serlo tranquilamente la próxima temporada y con todas las garantías, ha puesto en su sitio a más de uno.
Ha señalado a la plantilla porque en ella hay jugadores que bajaron los brazos antes de tiempo y otros que llevan toda la temporada dedicándose a dinamitar el asunto desde dentro con sus desplantes y filtraciones.
Ha señalado al club, en un tono respetuoso y positivo, dejando claro que urgen cambios en las instalaciones y los servicios médicos para mejorar las condiciones de trabajo del equipo de cara a la próxima temporada.
Ha señalado a la cantera pidiendo una mayor implicación y una mejor mentalidad a la hora de alcanzar el primer equipo, al que ahora hay que llegar siendo atletas que juegan bien. Etxeberria dixit.
Y ha señalado al entorno pidiendo una cura de humildad, olvidando de una vez los recuerdos de la época dorada si van a servir para menospreciar el objetivo a corto plazo. Quiere competir cada semana, no perder el tiempo con lo que va a pasar en nueve meses porque eso hay que ganárselo en el día a día. Basta de mirar por encima del hombro a otros equipos de la categoría que, con tanto o más nombre que el nuestro, e incluso con menos nombre, menos presión y mayor humildad, nos superan sin que nos enteremos de qué va la película.
La lección de Etxeberria, se quede o no en el Tenerife y reconociendo que él también ha cometido errores y que otros candidatos podrían estar igualmente capacitados para hacerse cargo de la escuadra blanquiazul, es de tal magnitud que, en pocos meses, ha podido hacerle el mayor favor de su vida al club y al entorno. Aunque no se quede, ya habrá valido la pena su estancia en la Isla.
El problema es que para asumir esa lección no solo hay que aplaudir las palabras del míster, sino que hay que reflexionar sobre ellas. Es la mejor manera de situar los males del Tenerife y no disparar, como se está haciendo, al lugar equivocado.