Por @juanjo_ramos
Anda el Tenerife peleándose consigo mismo para mejorar su nivel de juego y crecer como equipo. La idea de Llagostera, conservadora para recuperar sensaciones defensivas, se saldó con éxito y Agné decidió dar continuidad a una base sobre la que evolucionar en las siguientes jornadas. Pero convive desde entonces en la mente de los aficionados blanquiazules el temor a que se haya alcanzado el techo con esa forma de jugar. A que no sea suficiente para ser competitivos y mirar hacia arriba esta temporada.
Es verdad que el equipo mejoró la semana siguiente ante el Mirandés, que hizo una notable primera parte contra el Almería, que no encajó contra el Leganés y que, en la Romareda, creció algo con el balón en los pies. Además, ha sobrevivido a la importante ausencia de Choco Lozano y a la baja de Cristian Lahm García. Incluso, jugadores como Alberto o Nano han entrado en el once sin complejos y aportando cosas. Pero la duda sigue estando en el aire: ¿Es suficiente?
Mi respuesta es que no. Los blanquiazules solo han ganado dos partidos de nueve, los mismos que la temporada pasada a estas alturas, y han encajado un gol más (15) que entonces. En aras de su pretendida mejoría defensiva, no cabría esgrimir los números. Porque si se borra el desastre de Soria, el Tenerife ha recibido solo un gol menos que en la secuencia de partidos anterior a la pretendida metamorfosis de Llagostera. Ofensivamente tampoco parece buena noticia esa mejora combinativa del pasado domingo porque no se plasmó en ocasiones de gol. Al contrario, fue el blanquiazul un conjunto plano y con la persiana bajada al llegar al área rival.
No descarto que ahondar en el plan Agné termine resultando positivo. Ni siquiera creo que el entrenador nos engañe cuando cuenta que sus jugadores están más cómodos con esta fórmula. Pero la realidad es que los puestos de descenso acechan y las oportunidades de asaltar campos de adversarios importantes que no están en su mejor momento se desaprovechan. Y ojo, que no obvio el perjuicio causado por la actuación de Arias López en Zaragoza.
El caso es que siente uno el desconsuelo de investigar otras vías. De ver qué pasaría si el talento entrara en el campo. Vamos, si Cristo González y Tommy Martínez tuvieran el crédito de otros por los que, nueve jornadas después, se sigue esperando. Pedro Martín por ejemplo. También me gustaría averiguar si otra forma de atacar, distinta de la rústica de descolgar a tres atacantes rápidos y de ruptura, es posible. Puede que con este entrenador nunca lo sepamos. Es una pena. Porque, igual de forma equivocada, creo que esta temporada está para hacer una trastada. Y que hay plantilla para hacer un fútbol que guste algo más a la gente. Pero para eso hay que ser más osado. Arriesgarse a sacar los pies o la cabeza de la manta. A dejar de estar encogido para no coger frío. A obviar aquella vieja teoría de Jorge Indio Solari. No puede esperar uno siempre a que la meta se acerque. Ni a que la lluvia pare. A veces hay que andar y andar, aunque te acabes mojando.