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La maldición del 4

Redacción Deporpress| Los números en el fútbol siempre han tenido un significado especial. Pero esta circunstancia ha cobrado una relevancia mucho mayor desde que las camisetas comenzaron a personalizarse con el nombre del futbolista sobre el dorsal. Normalmente el 1 se reserva al guardameta, el 2 al lateral derecho, el 3 al izquierdo, el 9 al delantero centro, el 10 al mediapunta y así, sucesivamente, hasta completar un ritual plagado de liturgia y simbología.

En España, por cuestiones relacionadas con la superstición y la mala suerte, el 13 ha sido casi siempre un número asociado a asuntos negativos. En Italia está mal visto el 17 porque en números romanos se escribe XVII, un anagrama de Vixi, que en latín significa ‘viví’ y que se grababa en las lápidas, por lo que desde entonces se asocia a la muerte.

En Japón, por ejemplo, se intenta evitar el 9 en los hospitales porque, en el idioma nipón, se pronuncia casi igual que la palabra tortura, así que no se usa en las clínicas para intentar no atraer a la mala suerte. En la India, mientras tanto, el 26 está considerado un presagio de destrucción al haber coincidido, en esa fecha, tragedias tales como terremotos, tsunamis o ataques terroristas.

Si trasladamos esto al Heliodoro y hablamos de los dorsales del Tenerife, encontramos una curiosa estadística que pesa, mes tras mes, sobre el futbolista que porta el dorsal número 4. Especialmente porque los profesionales que han vestido esa camiseta, elegida tradicionalmente por jugadores de corte defensivo, no son capaces de marcar gol desde hace ya nada menos que casi 14 años.

El brasileño César Belli fue el último que logró anotar vistiendo el 4 blanquiazul. Fue un 15 de abril de 2006 y, curiosamente, ante el Sporting de Gijón, el último rival liguero del Tenerife. Aquel día, en el minuto 9, el central carioca abrió la cuenta del conjunto isleño que dirigía Bernd Krauss en una visita a El Molinón que acabó con 2-2. Calandria igualó para los asturianos, Cristo Marrero adelantó otra vez a los tinerfeñistas en el minuto 43 y Gerardo, en el 86, puso la igualdad en el marcador de un partido que fue dirigido por Mateu Lahoz en la jornada 33 del campeonato de Segunda División de la temporada 2005/06.

Desde entonces, ningún otro jugador que haya elegido el dorsal 4 para su camiseta ha vuelto a marcar. Y la lista es ya bastante extensa. Manuel Castiñeiras heredó el número de Belli que, tras ser usado por el central gallego, fue a parar a Rafael Clavero. Carlos Bellvís fue el siguiente en elegir el dorsal que había llevado el lateral cordobés y, tras él, lo vistieron Tarantino, Hugo Álvarez, Cristian García y Samuel Camille. Ninguno de ellos fue capaz de materializar tanto alguno durante su etapa en el Tenerife.

El adiós del lateral francés al conjunto blanquiazul el pasado verano dejó vacante otra vez el dorsal 4 en el vestuario del Heliodoro y el centrocampista Iker Undabarrena decidió elegirlo para convertirse en su dueño durante la campaña actual. El organizador vasco ha disputado una docena de partidos en lo que va de curso y, como todos los que han portado esa camiseta en la última década, tampoco ha logrado hacer gol. Ni en los 9 encuentros de Liga, ni tampoco en los tres choques de Copa.

Una excepción argentina

Pablo Paz, el central internacional argentino que brilló en el Tenerife de Jupp Heynckes, ha sido el ‘4’ más goleador de la época contemporánea del conjunto blanquiazul. El central de Bahía Blanca anotó nada menos que 8 goles en los 107 partidos oficiales que disputó como jugador del conjunto isleño gracias a su buen juego aéreo en las jugadas a balón parado.