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La madurez del ‘Mariscal de La Oliva’

Redacción Deporpress | Alberto Jiménez ha sido titular con Álvaro Cervera, Raúl Agné, José Luis Martí, Joseba Etxeberria, José Luis Oltra, Luis César Sampedro, Aritz López Garai y Rubén Baraja. Son todos los entrenadores que han dirigido al CD Tenerife desde su estreno en el primer equipo, allá por la temporada 12/13.

Cierto es que no fue indiscutible con todos ellos, que varió su puesto entre el centro de la defensa y el eje del centro del campo sin que él mismo aclarara en muchos momentos qué demarcación prefería. «Me da igual. Ambos, es que me han preguntado mil veces», llegó a decir. Pero siempre acabó jugando. En un sitio o en otro, allí donde el técnico correspondiente requería.

Su nivel en el último tramo de competición ha sido espectacular. Atrás quedan los errores de principio de temporada, por exceso de conducción, falta de colocación o lentitud. Tocó fondo el día del Racing de Santander. «Sé que cometí un error y, encima, la jugada acabó en gol. Me vine abajo. Estos días he estado muy mal y le das vueltas a todo», comentó días después.

El divorcio llegó a estar sobre la mesa porque la afición no entendía que siguiera siendo titular. «¿Qué le voy a hacer? No puedo mandar en la afición. Me duele un poco después de tantos años porque estás en tu casa y con tu gente. No es algo agradable, pero son cosas que pasan y no las puedo solucionar», decía sobre los silbidos. López Garai llegó a ser duro, pero muy claro con él: «Si él se mentalizara… es que tiene un nivel muy alto, pero su problema es cuando se relaja o cree que es muy fácil todo. Y de eso se da cuenta cuando comete el error, pero cuando está en la situación que cree que domina, es cuando tiene que estar más alerta y no lo está. Esa es la diferencia entre que Alberto pueda jugar cinco o seis años en Primera, o siempre sea un jugador de Segunda». El ‘Mariscal de La Oliva’ se rehizo a lo grande.

Poco amante del queso pese a su condición de majorero, Alberto ha mejorado su condición física desde la llegada de Rubén Baraja. Le han convencido el nutricionista al que ahora acuden los futbolistas y Manu Poblaciones, preparador físico blanquiazul. El puchero canario, su plato favorito, llega ahora cuando se puede. Pero el cambio no ha quedado restringido a este apartado. Mentalmente es un jugador distinto: serio, concentrado, contundente y limitado a sus funciones, sin querer hacer más de lo que le corresponde. Desde enero, su nivel no ha parado de subir. El Huesca, sabedor de que acababa contrato en junio, se lanzó a por él.

«Hay que solucionar las cosas, para bien o para mal, este mismo mes porque no tengo contrato, estoy jugando todo y puedo tener alguna lesión”, decía el majorero poco antes del parón. Siempre dijo que prefería quedarse, pero «si no es aquí, que ojalá lo sea, será en otro lado». La puerta de salida estaba abierta. Juan Carlos Cordero se empeñó en cambiar el pronóstico sobre su continuidad y darle la vuelta a un partido que perdía claramente Víctor Moreno en los meses previos.

A sus 27 años, Alberto entra en el momento decisivo de su carrera. Puede ser un líder, como ha mostrado entre enero y marzo, o un jugador irregular que entra y sale del once, o que comete errores que nada tienen ver que con sus envidiables condiciones. Firma hasta 2023, convirtiéndose en el jugador con un contrato más largo en el CD Tenerife. Más maduro, ahora que también es padre, llega el momento de dejar atrás su versión menos buena, el de dar estabilidad al rendimiento que ha llevado al club a hacer un notable esfuerzo económico para evitar su marcha.