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La llegada del arquitecto del penúltimo ascenso a Primera cumple dos décadas

Redacción Deporpress| El 18 de julio de 2000 llegaba a la isla Rafael Benítez, el arquitecto del penúltimo ascenso del CD Tenerife a Primera División. Pocos podían presagiar después de una temporada tan convulsa como la anterior, con los ceses de Fernando Castro Santos y Ángel Cappa incluidos, que aquel verano iba a fraguarse un equipo que haría historia para devolver a los blanquiazules a la élite del fútbol nacional.

Santiago Llorente, director deportivo en aquella época, incorporó aquel verano a un grupo de futbolistas que, al final, resultaría determinante. Apostó por jugadores nacionales y jóvenes, desconocidos para la gran mayoría de los aficionados, pero con ganas de labrarse un nombre y reivindicar su potencial futbolístico como Sergio Aragoneses, José Luis Martí, Luis García, Curro Torres, David Charcos o Antonio Hidalgo. También incorporó al mexicano Gerardo Torrado.

Benítez aterrizó en el Heliodoro con el aval de haber ascendido al Extremadura y con las dudas de sus destituciones en el Valladolid y Osasuna. «Llevo un año sin entrenar, tengo muchas ganas de trabajar y sé que este equipo puede rendir mucho. No me preocupa cómo acabó la temporada pasada. Hay que hacer borrón y cuenta nueva. Nuestra meta es salir a ganar cada domingo e ir partido a partido», dijo el día de su presentación acuñando la célebre frase que luego popularizó el ‘Cholo’ Simeone como técnico del Atlético de Madrid.

El hecho de no tener un objetivo que cumplir benefició a aquel Tenerife, que encaró el curso sin ninguna presión y con la certeza de que las tres plazas de ascenso parecían adjudicadas de antemano para el Atlético de Madrid, el Sevilla y el Betis.

Sin embargo, y pese a que la campaña arrancó con derrota en Albacete por la mínima (1-0), el estilo pragmático de Rafael Benítez fue imponiéndose y, al final, terminó por dar su fruto con aquel memorable gol de falta del argentino Hugo Morales en Butarque contra el Leganés, que devolvía al Tenerife a la Primera División y dejaba a todo un Atlético de Madrid en el ‘infierno’, como los propios rojiblancos bautizaron a la categoría en su campaña de publicidad, durante otra temporada más.

El éxito de Benítez no pasó desapercibido y, siguiendo con la tradición de que ninguno de los entrenadores que ascendía al Tenerife a Primera se sentaba en su banquillo la siguiente temporada (una etiqueta que acabó con José Luis Oltra), se marchó al Valencia CF. El técnico se llevó consigo a Curro Torres, que estaba cedido en la isla por el club ché, y a Mista, otro de los héroes de aquella campaña del penúltimo ascenso a Primera blanquiazul.

Benítez asumió la responsabilidad de sustituir a Héctor Cúper en un Valencia que venía de ser subcampeón de la Champions League y respondió a ese reto conquistando nada menos que dos Ligas y una Copa de la UEFA. De Mestalla se marchó al Liverpool, con el que conquistó la Champions de 2005 frente al Milán AC en Estambul.

Tras abandonar el conjunto inglés inició otros proyectos en los banquillos del Inter de Milán, Chelsea y Nápoles antes de regresar a su casa, el Real Madrid CF. Después de su salida del Bernabéu volvió a la Premier League para dirigir al Newcastle United, donde tuvo bajo sus órdenes al tinerfeño Ayoze Pérez. Actualmente dirige al Dalian Yifang chino.