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La llave

El Tenerife consiguió ganar el sábado su primer partido después de cinco intentos. La noticia, por excepcional, generó un notable alivio en el entorno tras un inicio de curso caótico y sin los resultados esperados. Del triunfo ante el Llagostera no es que haya mucho que destacar. El grupo de Agné firmó una primera parte en la que, contrario a la costumbre, no tiró el partido. Y eso le hizo llegar al segundo acto en posición de discutir con su rival por el triunfo. El propósito se consiguió porque logró trasladar lo que estaba haciendo en los primeros 45 minutos unos metros más adelante, porque intentó combinar al contragolpe y porque Suso transformó su habitual norma de desacierto ante el marco adversario en una excepción que repitió hasta en dos ocasiones.

El capitán fue el elemento individual que accionó el mecanismo que abrió la puerta a los primeros tres puntos de la temporada, pero el mérito fue colectivo. Por encima de dibujos y sistemas, el Tenerife dio la sensación de estar más junto. La distancia entre jugadores y líneas se redujo considerablemente y, ayudado por las dimensiones del terreno de juego, los isleños se acorazaron poniendo a 6 defensas más Vitolo entre los 10 jugadores de campo.

Ese orden, unido a una mejora en la capacidad aérea en las jugadas a balón parado y a que Alberto paró bien a Juanjo, hizo que el Tenerife llegase ileso al tramo donde podía ganar el partido. Y lo hizo gracias a la puntería de Suso en lo que no suele ser su fuerte; a que Pedro Martín hizo una segunda parte muy aseada y a que Cristian, Vitolo y Alberto limpiaron el campo de minas haciendo un notable trabajo de recuperación en la medular. La única lástima es que al lateral reconvertido a pivote no le luzca más su esfuerzo por su falta de precisión en las entregas cuando logra arrebatarle la posesión del esférico al adversario.

Ahora podemos entrar en el debate de si el rival es o no el peor equipo de Segunda (si no lo es, sí parece un firme candidato a bajar). De si fue o no una victoria construida sobre el ‘método Cervera’ de defender para llegar con 0-0 hasta el tramo decisivo y hacerlo empleando la táctica de robar en campo contrario y salir en velocidad. Y de otras mil cosas más. Particularmente, prefiero quedarme con el alivio y la felicidad que deja la victoria y con el oasis que supone saciar la sed de puntos tras atravesar un duro desierto en las jornadas inaugurales.

Si el Tenerife y Agné quieren tener futuro hay que evolucionar. El técnico es el primero que no debe creerse que la receta empleada ante el Llagostera servirá contra el Mirandés. La clave de esa progresión va a estar en la capacidad del equipo para seguir siendo ordenado, ya que esa es la virtud que mejor oculta las limitaciones de fútbol que tienen. Es evidente que las hay, pero también es cierto que este grupo es capaz de crecer partiendo del compromiso de unos jugadores que creen en su técnico y que, además, pueden seguir ganando tranquilidad para atreverse a construir más cosas si consiguen que el resultado del pasado fin de semana no sea un espejismo.

Este año la plantilla es corta y los necesitamos a todos. La queja mayoritaria de los compases iniciales fue la escasa aportación del eje defensivo, así que si el Tenerife recupera otra vez las prestaciones habituales de los Dani Hernández, Carlos Ruiz, Raúl Cámara, Vitolo y Aitor Sanz va a tener mucho terreno ganado. Los cuatro primeros dieron síntomas de mejoría el sábado y el mediocentro volverá a ser el que era. Ahí estará la llave para seguir creciendo.