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La insignia dudosa

Por @juanjo_ramos

Entre diciembre de 2002 y febrero de 2006 vivió el CD Tenerife una pesadilla a la que puso fin aquel almuerzo en La Ermita, en el que muchos se comprometieron y pocos dieron finalmente el paso para tomar las riendas de un club descabezado y que iba caminito de Segunda B. Miguel Concepción fue entonces valiente. O al menos consecuente con su condición de máximo accionista blanquiazul. Desde entonces, ha dirigido la entidad con un gran acierto (el ascenso a Primera en 2009) y el mayor fracaso en los últimos 30 años (el descenso a Segunda B). Pero las siguientes líneas no se refieren al actual presidente, sino al anterior.

Recuerdo la etapa de Víctor Pérez Ascanio como una pesadilla. El día de su entrada cambió las cerraduras del Callejón del Combate. A los pocos meses de llegar ya había puesto en bandeja de plata a CajaCanarias el mayor activo patrimonial del CD Tenerife, la Ciudad Deportiva, con una hipoteca que culminó una negociación difícilmente empeorable. Luego, dejaría secar un campo de césped natural de la instalación. Además, se había querellado contra Javier Pérez (perdió en los juzgados) y había agrietado su propio consejo, que registró dos dimisiones antes del primer año.

Con el mandatario lagunero al frente, el equipo insular nunca peleó por objetivos deportivos que fueran más allá de la permanencia. Realizó un giro radical hacia David Amaral y la cantera, pero en el siguiente mercado de invierno ya le había relevado y fichado a seis foráneos para eludir el descenso. Ninguneó a Martín Marrero, pese a su extraordinario final de campaña, apostó por directores deportivos extravagantes y sin experiencia que trajeron al club perlas como Rogerinho, Bombarda, Dimitri, Linarés, William Fabro, Bertin, Cocito o Joao Paulo, entre otros. Hubo seis entrenadores en esa etapa. El último, Antonio López, tiene junto a Arconada el dudoso honor de no haber ganado un solo partido durante su estancia en el banquillo tinerfeñista. Dimitió minutos antes de que lo hiciera el consejo, en la noche más vergonzosa que ha vivido el tinerfeñismo.

Sus reuniones de consejo eran casi públicas. Se conocía hasta el último detalle en tiempo récord. Sus consejeros corrían a las distintas emisoras de radio para tener sus minutos de gloria casi a diario. Entre ellos, hubo tantas dimisiones que solo le acompañaron en el momento de su salida dos de los que accedieron con él al órgano rector. Algunos, la mayoría, se fueron criticando a Pérez Ascanio. Incluso protagonizando alguna escena por fuera de la sede del club digna de una obra valleinclanesca, como la que desembocó en la sonada marcha de Sergio Batista. Hasta recuerdo al expresidente brindando porque había evitado ¡un descenso administrativo!

Durante poco más de tres años, el Tenerife fue noticia cada día por hechos que poco tenían que ver con lo que sucedía sobre el césped. Incluso su gran logro, revalorizar los terrenos de la Ciudad Deportiva, se quedó en nada si se tiene en cuenta que había cerrado un acuerdo para malvenderla a tres conocidos empresarios en una extraña maniobra. A este señor le ha dado Concepción este jueves la insignia de oro y brillantes de mi equipo. Seguro que Don Víctor lo hizo lo mejor que pudo. Solo por eso merece todo nuestro respeto. Otra cosa es que merezca la insignia de oro y brillantes.

P.D. Obvio detalles que no puedo probar como su afición a hacer alineaciones o el pasteleo de El Ejido en 2005, en el que igual no tuvo nada que ver.