María Calzadilla | Uno de los mejores atletas que ha visto crecer España, nació en Los Realejos en 1978: Iván Ramallo. El atleta especializado en 400m vallas ganó innumerables pruebas, compitió en campeonatos del Mundo, de Europa, y fue olímpico dos veces, en Sidney y Atenas. Sin embargo, cuando se preparaba para los Juegos de Londres de 2012, una lesión en el tendón de Aquiles le obligó a parar y despedirse de las pistas de atletismo para siempre. Sigue vinculado al deporte pero ahora desde la Unidad de Relaciones Internacionales y Nuevo Negocio del CAR de Sant Cugat, donde además vivió y se formó como deportista, gracias, en parte, a la generosidad de su entrenador tinerfeño Crisanto Martín, quién le empujó definitivamente a dar el paso y trasladarse hasta Barcelona para luchar por su sueño: ser olímpico.
María Calzadilla: ¿Cómo viviste el Estado de Alarma en el CAR de Sant Cugat?
Iván Ramallo: «Aquí todo fue muy rápido, en principio íbamos a reducir el personal en plantilla porque iban a enviar a casa a los deportistas, pero intentarían dejar a los mínimos para que pudieran seguir trabajando en turnos, pero en 24 horas tuvimos las instrucciones de que cada uno se fuera a su casa, incluidos los deportistas. Cuando me tuve que quedar en casa no procesaba que fuera a pasar todo lo que ha pasado y estar sin poder salir ha sido una situación extraordinaria y atípica, pero enseguida entendí la situación, era lo que había y no podía hacer nada por cambiarlo e intenté organizar mi rutina diaria para que no me pasara factura emocionalmente».
M.C.: ¿Cómo fueron tus inicios en el atletismo?
I. R.: «Empecé en Los Realejos con Crisanto Martín, que es un entrenador de atletismo de allí. Realmente fue con él con el que empecé a destacar en categoría Junior y Promesa, pero muy poco. Después empecé a conseguir buenos resultados, en Promesas comencé a entrar en los podium por categoría y fue cuando realmente me echaron el ojo. Y en el 99 la Federación me propone irme al CAR de Sant Cugat, incorporarme al grupo de entrenamientos de allí. La verdad que en ese momento Crisanto, de una forma muy profesional y generosa me dijo: «Iván es una oportunidad, tendrás mejores instalaciones, mejores servicios, más herramientas para competir en mejores condiciones y si tú quieres marcharte, es una oportunidad». No me obligó a quedarme con él. Cualquier entrenador querría seguir con su deportista y la verdad que fue muy generoso en ese sentido. Y entre eso, mis padres y mis ganas de ser olímpico algún día, decidí irme a Barcelona».
M.C: En la actualidad sigues en el CAR pero, ¿cuál es tu labor ahora mismo?
I.R.: «Había estudiado económicas en la Autónoma de Barcelona, luego hice un Máster en Relaciones Públicas y Gabinetes de Comunicación. Cuando me retiré, empecé a trabajar en una agencia de comunicación en Barcelona, enseguida pude conseguir trabajo, no me dio tiempo a plantearme si volvía a Tenerife o no, ya que en ese momento estábamos atravesando una crisis económica importante y la verdad es que cualquier oferta de trabajo que me resultara interesante iba a decir que sí porque me había retirado del atletismo y tenía que ponerme a trabajar. Durante el tiempo que estuve allí, el director del CAR de Sant Cugat en este momento Joan Fontserè, que actualmente es el director del circuito de Montmeló y fue el que me conoció como deportista, conocía mi perfil profesional y quiso darle más peso a la comunicación del CAR y me llamó. Estuve en ese departamento hasta 2017 porque recibí una oferta de una agencia de comunicación de publicidad aquí en Barcelona. Volví al CAR en 2018 y ahora en vez de seguir en el departamento de comunicación, me propuso irme a la Unidad de Relaciones Internacionales y Nuevo Negocio. Vi una oportunidad que me resultaba atractiva porque veía una proyección profesional. Siempre estoy con las puertas abiertas, nunca he sido de estar quieto en un sitio sino estar siempre mirando al mundo y a la vida. De momento no me han llegado ofertas de Canarias pero si algún día me llegan, a lo mejor me lo planteo».
[quote font=»palatino» font_size=»20″ font_style=»italic» bgcolor=»#e2e2e2″ arrow=»yes» align=»right»]»No me han llegado ofertas de Canarias pero si algún día me llegan, a lo mejor me lo planteo».[/quote]
M.C.: ¿Nunca te planteaste ser entrenador o estar más vinculado quizás con la parte más activa del atletismo?
I.R.: «He hecho cosas, no como entrenador pero sí he recibido llamadas de atletas que necesitaban algún tipo de consultoría. Es decir, vallistas que necesitaban asesoramiento a nivel técnico y les he asesorado en aquello dónde creían que tenían problemas. No me he planteado ser entrenador porque profesionalmente he tenido otras inquietudes. Pero sí me ha gustado mucho la parte de consultoría, dónde estoy con ese deportista un par de días y trabajamos conjuntamente e intento de alguna forma trasladar o compartir mis conocimientos y experiencia en competición para ayudarles».
M.C.: ¿Por qué te especializaste en los 400M valla, algún motivo especial?
I.R.: «Fue un proceso muy parecido a como entiendo la vida. Como atleta y como persona siempre he dejado que las cosas pasaran por sí solas y siempre he estado a favor de que las cosas tenían que surgir de manera natural, crearse con libertad, en todos los ámbitos. Terminé haciendo los 400 metros valla un poco de esa forma, nunca nadie me dijo «tienes que hacer esta prueba», pero mi evolución como atleta y mis condiciones físicas, me llevaron a ello. Yo era un atleta joven que hacía de todo: cross, velocidad, vallas y poco a poco de manera natural fui seleccionando, pero nadie me lo impuso ni yo me obligue, sino quizás era donde más cómodo me encontraba, dónde más disfrutaba y quizás también donde más talento podía tener. Es una prueba muy compleja, donde hay vallas, velocidad, donde tienes que tener cierta resistencia porque es una prueba complicada en muchos aspectos, pero realmente vi que estaba hecha para mí».
M.C.: ¿Tienes alguna espinita clavada en tu carrera deportiva?
I.R.: «La verdad es que no. Siempre se podría haber conseguido mejores resultados, y peores también, y la verdad es que yo no tengo la sensación de haberme quedado con algo pendiente. Siempre tuve un compromiso alto con mi trabajo, puse todas las herramientas personales y las que me daba la Federación para trabajar, ser un profesional del atletismo, para marcar mis objetivos, luchar por ellos y yo fui feliz así. Viví momentos muy buenos, momentos malos porque tuve una lesión de la cual no me pude recuperar y no era quizás así como me hubiera gustado retirarme, pero es cierto que nunca me rendí y me retiré cuando mi cuerpo físicamente no me dejaba continuar. Me fui con la sensación de haber luchado, trabajado y que di lo mejor de mí y que no se pudo hacer más. Me fui con la sensación de haber hecho el trabajo lo mejor posible y quizás el no haber tirado nunca la toalla es de lo que más orgulloso me siento, de haber luchado hasta el final por mis objetivos y donde nadie regala nada».
[quote font=»palatino» font_size=»20″ font_style=»italic» bgcolor=»#e2e2e2″ arrow=»yes» align=»left»]»Nunca me rendí y me retiré cuando mi cuerpo físicamente no me dejaba continuar».[/quote]
M.C.: ¿Cómo viviste esa lesión que te apartó de las pistas?
I.R.: «La lesión fue en el tendón de Aquiles. Siempre tuve problemas con mis tendones, tanto de Aquiles como rotuliano de rodilla. De hecho estoy operado dos veces de una rodilla. La exigencia de los entrenamientos y el paso de los años, digamos que me pasaron factura pronto, me tuve que retirar porque no me dejaban entrenar en las condiciones que el alto rendimiento exige. Intenté ir a los Juegos Olímpicos de Londres, físicamente podía haberlo conseguido porque fue un año que pude entrenar, no estaba en mi mejor momento de forma de mi vida pero si lo suficiente para la mínima olímpica. Pero después de la primera carrera que hice de la temporada, el tendón de Aquiles se me inflamó y ya no pude seguir corriendo. De hecho recuerdo perfectamente estar haciendo el que fue mi último entrenamiento y de repente sentir que era el último, y a la mitad de la sesión le dije a mi entrenador Luis González: se acabó. Lo cuento y todavía me emociono al recordarlo. Realmente lo dejé cuando lo sentí, no cuando me obligaron, ni cuando racionalmente tomé la decisión».
M.C.: ¿Cuál fue tu carrera o prueba más especial y que siempre recordarás?
I.R.: «Los Juegos Olímpicos. Todas las carreras fueron especiales, no elegiría una porque disfruté de ellas pero sin duda los dos Juegos Olímpicos fueron dos momentos que me marcaron muchísimo. Fue para lo que vine a Barcelona, era un sueño que tenía cuando vi por primera vez los juegos por televisión, incluso cuando parecía imposible que un niño dijera: «a mí me gustaría correr ahí». Es muy difícil estar en unos Juegos, ocurre una vez cada cuatro años, conseguirlo requiere de muchas cosas, pero así fue como lo viví de pequeño y trabajé para ello. Es algo que el día de mañana cuando me muera, me llevaré conmigo y me siento enormemente orgulloso».
M.C: ¿Crees que al atletismo ha cambiado mucho a cuando tú competías?
I.R.: «El atletismo ha evolucionado y ha crecido. Tenemos afortunadamente una selección española muy potente, con un talento de jóvenes que nos van a dar muchas alegrías. La diferencia quizás del momento en el que yo estaba en la selección con respecto ahora, es que yo tuve la suerte de no vivir una crisis económica cómo han vivido muchos atletas. Yo viví una época donde habían grandes meeting en España, que tenían presupuestos para organizar grandes competiciones y podíamos ganarnos la vida. No nos íbamos a ser ricos como en otros deportes, pero podías ser un profesional del deporte y dedicar tus recursos a prepararte, a pagar concentraciones y material, lo que necesitabas para estar arriba. Hay una generación importante de atletas que ha crecido en una época de crisis y que han tenido condiciones más duras para crecer como deportista porque realmente es difícil conseguir grandes resultados, no lo digo yo, lo dicen las estadísticas. Si tú ves las medallas olímpicas que ha conseguido la Selección Española en Barcelona del 92 y los sucesivos Juegos Olímpicos, la inversión económica es proporcional al número de medallas que se consigue y es una realidad que está latente. Cuando hay recursos los resultados mejoran y si los quitas pues empeoran, no hay otra magia».
[quote font=»palatino» font_size=»20″ font_style=»italic» bgcolor=»#e2e2e2″ arrow=»yes» align=»right»]»La inversión económica es proporcional al número de medallas que se consigue. Cuando hay recursos, los resultados mejoran».[/quote]
M.C.: Eres uno de los mejores atletas que ha tenido Canarias, e incluso en Los Realejos la pista de atletismo recibe tu nombre. ¿Te has sentido siempre muy querido en tu tierra a pesar de estar lejos de ella?
I.R.: «Soy un hombre muy afortunado, lo he sido durante mi época de atletismo porque siempre me he sentido muy querido en Canarias y fuera. Siempre ha habido mucha gente que me ha seguido y allí a donde he ido siempre he sentido cariño. En cuanto a Los Realejos, no te puedo decir con palabras lo que significó que Manuel Domínguez, actual alcalde, pusiera mi nombre a la pista de Los Realejos. Es bonito, me siento orgulloso de ser de Los Realejos, de ser canario, de pertenecer a una cultura de isleños que somos como somos, de vivir las cosas como las vivimos, no puedo ser más afortunado por haber nacido donde lo hice y siempre me he sentido orgulloso. Cuando los deportistas caemos en el olvido, porque es normal, yo me sigo sintiendo querido. Y eso es indescriptible».