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#Repúblicadelfútbol La guerra que paró en Navidad

Aunque el Nazismo, el Holocausto y el número de víctimas hicieron de la Segunda Guerra Mundial el conflicto bélico más mencionado de la historia, no es menos cierto que la Primera, La Gran Guerra, fue terriblemente cruel. Por primera vez en la historia se utilizaban armas químicas, se trabajaba en una industria armamentística a gran escala y las enfermedades y las terribles condiciones de vida provocaron más bajas que las ocasionadas por las balas.

En 1914 el fútbol no era un deporte tan extendido como lo sería solo dos décadas después. Trataba de ganarse un puesto importante dentro de la cultura obrera, generalmente extendido por los ingleses; allí donde hubiera un inglés había un balón dispuesto a ser pateado.

La Gran Guerra fue, sobre todo, el conflicto de las trincheras. En aquellas zanjas profundas los soldados podían pasar semanas y meses sin moverse, sin asearse, conviviendo con pulgas, piojos y ratas y sin disparar un arma. La esperanza de vida era de seis meses para todo aquel militar que se encontraba destacado en una trinchera, no por el fuego enemigo, sino por las enfermedades. Todo el tiempo libre que llegaban a tener los soldados acababan minando su moral, más aún en la tropa alemana, conocedora de que aquella guerra en la que se encontraba difícilmente acabaría saldándose a su favor. Por ello, el Káiser Guillermo tuvo una idea: en Navidad doblaría las raciones de comida y enviaría árboles navideños que adornarían las trincheras. Parecía una idea descabellada, pero funcionó.

La noche del 24 de diciembre de 1914, los alemanes no pararon de cantar villancicos, mostrar sus árboles y encender luces navideñas. Franceses e ingleses primero se miraron atónitos para, acto seguido, unirse a esos cánticos en sus respectivos idiomas. Pero, a la mañana siguiente, los alemanes dieron un paso más. Algunos soldados decidieron que lo mejor era salir de sus trincheras, olvidar las armas y ondear banderas blancas en dirección a un enemigo que empezaba  estar cansado de pelear por unos dirigentes que jamás sabrían lo que es vivir con ropa mojada durante meses consecutivos pasando hambre.  Decidieron que lo mejor, además de los abrazos y saludos de rigor, era jugar un partido de fútbol para decidir sus diferencias con un balón de por medio. Fueron varios partidos, incluso se sabe que Alemania ganó uno por 3-2, pero lo mejor llegaría después.

Ambos bandos lograron que, tras conocer lo que había sucedido, se llegara a una tregua en todo el frente, e incluso consiguieron recuperar los cuerpos sin vida de sus compañeros para, antes de llevar a cabo una misa conjunta, poder enterrarlos tras sus propias líneas. Desgraciadamente no todos pensaban igual. El Alto Mando francés  tomó cartas en el asunto, llegando a fusilar a algunos de los ideólogos de la tregua. Los mandatarios alemanes decidieron mandar a sus pacifistas a Rusia, donde las condiciones eran aún peores, pero aún así los ingleses, dando muestras de un valor enorme, decidieron dar un paso más, enviando fotos de la tregua a la prensa inglesa, que llegó a publicar la noticia antes de ser confiscada por su gobierno.

Esos mismos ingleses fueron los que, el día de Año Nuevo, avisaron a sus enemigos del lugar que iba a ser bombardeado para que se marcharan de allí lo antes posible sin sufrir bajas. Desgraciadamente, la guerra continuó, pero aquellos hombres demostraron su valor jugando un partido de fútbol.