Por @juanjo_ramos
Válgame Dios que huyo de jugar con los puestos de trabajo de otros. Por eso, jamás pediría la destitución de un entrenador. Como mucho, y lo hice tras el empate contra el Lugo, puedo llegar a decir que la situación reúne los ingredientes habituales para que en el mundo del fútbol se tome esa decisión.
Fran Fernández ha demostrado tanto en Almería como en Alcorcón que es un profesional como la copa de un pino. No le falta preparación para dirigir en Segunda y cuenta con ayudantes muy capaces. Su valía no está en discusión.
Pero por la razón que sea no está consiguiendo que el Tenerife funcione. No aporto gran cosa recordando que solo el Alcorcón ha ganado menos partidos que los blanquiazules, que llevan 10 puntos en 10 jornadas y están al borde del descenso. Son esos datos los que prenden la mecha de la discusión sobre la continuidad del entrenador. Sin embargo, no es lo que más me preocupa.
Hay tiempo para reconducir la situación y aspirar al playoff. Claro que sí. Quedan 32 partidos. Una barbaridad. Y podemos aplicar hasta atenuantes tan reales como la tardía llegada de fichajes importantes o la salida de pesos pesados como Luis Milla. La pregunta, con difícil respuesta hay que reconocerlo, es si se fía uno de Fernández para afrontar esta remontada.
Lo visto hasta ahora no invita al sí. La ausencia de un patrón de juego definido, gustando el equipo solo cuando juega a la desesperada y se desinhibe, se ha convertido en un pesado lastre.
Fútbol directo y presión alta en las cinco primeras jornadas; posesión y juego combinativo en las dos siguientes; repliegue intensivo el día del Espanyol y de nuevo fútbol directo contra el Fuenlabrada, pero esta vez con un bloque medio timorato y poco agresivo.
Cinco mediapuntas, dobles laterales sin éxito, cuatro mediocentros distintos… Cambios y más cambios que han desembocado en una búsqueda sin fin tanto de la fórmula como de los actores adecuados.
¿Hasta cuándo? Desangrándose punto a punto, llega el Tenerife a la undécima jornada. Ojalá, esta vez sí, acierte su entrenador y rindan, como se espera, sus jugadores. Pero cada semana cuesta más creer en ello. En algún momento hay que parar la caída. ¿Cómo? Fran Fernández y sus jefes sabrán.