El pasado viernes 18 de noviembre, el Auditorio de Tenerife fue el escenario de la primera gala en homenaje al deportista que yo recuerde en muchos años. Por primera vez, el Cabildo Insular reconoció el esfuerzo y ahínco de cientos de ellos que pasean el nombre de nuestra isla allí por donde van al tiempo que demuestran que aquí hay talento y de sobra para competir con el resto de ciudades españolas. 400. Quizá faltara alguno. Pero era justo y necesario que por fin se reunieran en un único recinto para darles las gracias por tantas buenas tardes de alegría y sacrificio.
La idea la llevaba madurando Carlos Alonso y su equipo dentro del paraguas de la que considero la mejor idea de futuro que jamás antes se haya creado: #Tenerife2030. Un proyecto a largo plazo cuya meta es dejar a nuestros herederos una isla mejor, avanzada y con más recursos donde puedan desenvolverse con destreza y ser receptores, además, de miles de personas que quieran compartir sus conocimientos con los nuestros. Este proyecto, de la mano de Antonio García Marichal y su equipo del Parque Tecnológico de Tenerife es algo así como un legado en el que ya se está trabajando, que conozco, y al que le auguro estupendos resultados. En todas sus áreas, pero especialmente en la deportiva.
Saben que soy defensor del avance tecnológico en las futuras infraestructuras deportivas, en crear un tejido moderno capaz de recibir a la élite del deporte mundial. Que esta (y el resto de islas), sean su segunda casa. Ellos agradecerán nuestro énfasis por darles calidad que mejoren sus resultados. Nuestros deportistas reforzarán su idea de que, si los mejores entrenan aquí es porque desde este lugar del Atlántico se pueden forjar grandes campeones.
Este año fueron 400. El próximo auguro que muchos más. Tenerife, la isla futura, será también la isla del deporte. Con profesionales cualificados al más alto nivel que serán, sin duda, referencia en todo el mundo. Condiciones y aptitudes tenemos. El futuro, por esta senda, estará más que asegurado.