Redacción Deporpress| Aitor Sanz encarna la fiabilidad hecha futbolista. El centrocampista madrileño, parafraseando la frase que acuñó Jorge Valdano cuando entrenaba al Tenerife, «es como un Mercedes…puedes tenerlo todo el tiempo que quieras en el garaje, que te va a responder siempre«.
La estadística nos deja datos que describen la trayectoria de alguien imprescindible para cualquier técnico. Competitivo como nadie, aunque ya haya superado la barrera de los 36 años, e insustituible en los esquemas de Luis Miguel Ramis desde la llegada del tarraconense al banquillo blanquiazul.
Hay varios parámetros que resultan muy esclarecedores de lo que supone Aitor Sanz para sus entrenadores. En 16 de las 17 temporadas que lleva jugando al fútbol, desde que dejó de ser juvenil, ha jugado un mínimo de 20 partidos en cada temporada. Y también, en cada una de ellas, ha superado la veintena de titularidades. Solo durante la campaña 2018-19, en la que una tendinosis aquílea puso en riesgo su carrera, se quedó en blanco.
El vocablo jubilación no tiene cabida en el diccionario futbolístico de Sanz. Es de los que no se rinden. Ni sobre el terreno de juego, ni en las camillas de los fisioterapeutas. Y, por eso, disfruta de su segunda temporada después de aquel grave problema físico con registros de regularidad al alcance de muy pocos. Este año, por ejemplo, está ya a solo dos partidos de sumar 25 encuentros disputados, un hito que ha logrado siempre. Desde el inicio de su carrera.
Y también está a solo uno de jugar más de la mitad de los partidos que forman parte del calendario de Liga. Lo hará, si no surgen contratiempos, este sábado ante la Ponferradina en el Heliodoro, en un duelo que supondrá también su partido oficial número 250 con la camiseta del Tenerife.
En este último capítulo se encuentra ya a apenas 18 partidos de alcanzar los 267 que disputó Sergio Aragoneses y, como ya está renovado de manera automática para la 2021-22, también tiene a tiro superar los 268 de Julio Llorente. Si lo logra, Aitor Sanz entraría en la lista de los 10 jugadores que más veces se han vestido con la blanquiazul. Luego, si mantiene la regularidad actual en cuanto a su asiduidad en las alineaciones, también estaría en disposición de ponerse por delante de otros ilustres como Álvaro Hernández (269), Pepito Reyes (272), David Amaral (284) o el mítico Justo Gilberto, que ocupa la quinta plaza con 287 partidos.
Su fiabilidad es tal que, salvo el curso que se perdió entero por la lesión, superó siempre en todos sus equipos la barrera de los 2.000 minutos jugados en cada temporada. Este año está a apenas 200 minutos de volver a cruzar esa frontera. Todos esos números, por último, le han llevado también a figurar, por derecho propio, entre los 200 jugadores que más partidos han disputado en toda la historia de la Segunda División.
Sin embargo, el legado de Aitor Sanz trasciende a las estadísticas. Es el capitán que dirige las charlas antes de que el equipo vuelva a los vestuarios tras el calentamiento previo a los partidos. Un profesional ejemplar y honesto. Alguien que pudo irse a pelear por un ascenso a Primera cuando, en enero de 2020, Cervera lo quiso para el Cádiz. Dijo que no a un técnico que admira, aún sabiendo que quizá aquel tren para jugar en la élite no vuelva a pasar más por su puerta. Pero aquel Tenerife peleaba por no bajar a Segunda B hace apenas 13 meses y su compromiso como blanquiazul va fuera de concurso. Aitor Sanz es justo aquel Mercedes de Valdano. Un ejemplo de fiabilidad. Siempre rinde y nunca te deja en la estacada.