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La fe de los resultados

Por @beatrizpalmero

 

Lugo es una plaza a la que le tengo especial cariño, y no sólo porque conozco gente maravillosa de esa ciudad, como mi compañero de columnas Millán Gómez, sino porque es uno de esos lugares que he conocido gracias al fútbol. Viviendo en Canarias, dudo mucho que pocos organicen una escapada a Lugo salvo que tenga un motivo concreto y a mí, cómo no, me lo dio el Tenerife, aunque reconozco que también tuvieron que ver los lucenses que con tanto cariño me han acogido siempre en Twitter. Y tengo que decir que salí impresionada por esa imponente muralla romana, que se conoce demasiado poco, y por esa gastronomía que siempre son un motivo para volver a Galicia. Pero me gustó, sobre todo, el ambiente de fútbol que se vive en el Ángel Carro, un campo de esos que llamamos coquetos pero con un aire muy parecido al que se respira en El Sadar a otra escala. Y ahora tengo un motivo más. Fue la ciudad donde rompimos el gafe de la Copa.

Sí, Lugo me da buenas vibraciones, y también me las dio esta semana, donde la mayoría vendió el oso antes de cazarlo y se quedó con las manos vacías. Y es que, un año más, y no sé qué pasa en esta isla, estamos con la escopeta cargada desde la jornada 1. Hacía tiempo que no me sentaba tranquilamente en la grada a ver un encuentro de competición, y, sinceramente, salí sorprendida del debut en casa ante el Sevilla Atlético. En el minuto 13, con el 0-0 en el marcador ya me incomodaba la negatividad a mi alrededor. La frase más repetida en ese tiempo, que a mí me pareció eterno, fue: “otro año igual, es que no ilusionan a uno”. 13 minutos. Lo recalco porque miré el reloj conscientemente porque no daba crédito a mis oídos. 13 minutos. Y mejor no les repito lo que escuché tras encajar el gol de Cotán cinco minutos después.

Me sentí francamente mal. Decepcionada. Como si se ascendiera en la segunda jornada. No damos tiempo al equipo ni de respirar, ni de tomar la medida a la competición… No tenemos fe en él. Y no me valen milongas del tipo “esta directiva no ilusiona”, cuando ha habido unas elecciones hace poco, o “el secretario técnico no sirve para nada” o “el equipo no da para más”, como si unas pocas jornadas fueran suficientes para valorar la medida de esta plantilla. Porque todos sabemos lo que son capaces de dar los veteranos que no están dando (aunque vimos a un Suso ya mucho más entonado en Elche), sabemos la ilusión que ponen los chicos de la cantera, los que estaban y los que llegan ahora como Ale Pipo, pero aún no sabemos qué rendimiento puede sacar Martí de la plantilla que se ha confeccionado.

Y vi a la mayoría salir del Heliodoro, no ya con la escopeta cargada, sino con el hacha a cuestas, dispuestos a talar el árbol antes siquiera de que saliera su primera rama. Y sentí tristeza. Porque así, con esa crispación en la jornada dos, el equipo jamás peleará por otra meta diferente a la permanencia. Porque la afición es un miembro más que importante en la ecuación.

Afortunadamente, Lugo ha vuelto a sacarme una sonrisa. Una vez más. El respiro copero dará a este equipo un respiro, un poco de rédito, para ponerse en marcha. Se ha librado del lastre de los malos inicios que los veteranos cargaban como una penitencia y mostrarán más confianza. A ver si llegan los resultados, porque la afición no tiene más fe que aquella que nace de los números.