Por @beatrizpalmero
Vaya semana más larga. Larguísima. Más larga que Lo que el viento se llevó. Es imposible que aún sea martes… Toda la temporada esperando este momento y ahora sólo deseo que sea domingo para saber en qué va a acabar todo esto, y si va a acabar como Pretty Woman o como Casablanca. Cierto es que el año no ha sido, ni mucho menos, una película de Sissi Emperatriz, pero tampoco ha sido Pesadilla en Elm Street. Ha habido momentos muy buenos, sin llegar a ser una obra maestra, y será una de esas temporadas que nos dejará buen sabor de boca, incluso si el final nos hace llorar como Ghost.
Quiero alejar esa posibilidad. La del final triste, doloroso y abrumador. Y pensar que será maravilloso cerrar el año al grito de “Awamba baluba balambambú” y echarnos un baile colectivo para celebrar el fin de curso tal y como sucede en Grease.
Sueño con ese baile. Con sentirme feliz incluso Cantando bajo la lluvia como Gene Kelly, empapada de euforia y con una sonrisa estúpida en la boca. Pero sé que antes voy a tener que agarrarme a la butaca, muerta de incertidumbre, como si Terminator estuviera a punto de agarrarme por el tobillo. Y peor, saber que tendré que ir a ver una segunda parte para saber si podremos acabar o no con Skynet. Porque, no nos engañemos, el Getafe está en la posición de fuerza y el Tenerife es la resistencia. Sólo necesitamos un superhéroe, como lo fue Dani Kome, Nino, Hugo Morales o Rommel. Y fe. Más fe que Forrest Gump esperando a Jenny. Bueno, o no tanta. Sólo necesitamos creer ciegamente en este equipo, como Luke Skywalker en la Fuerza. Y acompañaros en nuestros Ala-X para dar apoyo logístico y facilitar que cumpla su misión.
Y si no, lo volveremos a intentar. Porque en eso consiste la resistencia. En creer que tarde o temprano lo conseguiremos. Y para eso está el cine, o el fútbol, para fabricar sueños que se hacen reales en la gran pantalla. O en el césped.