Por José Manuel Pitti (@josemanuelpitti) *
Probablemente, la pretemporada es el momento más hermoso del concurso, porque todos sabemos que los presupuestos y los topes salariales representan abstracciones, cantidades y magnitudes, y porque, a menudo, vemos que el fútbol es mucho más que una actividad financiera. Florentino Pérez puede vender quince mil millones de calzoncillos de Vinicius en Pekín y obtener un beneficio macroeconómico descomunal, pero si el Real Madrid no gana la Champions, a los ojos del Bernabéu, el presidente será un canchanchán.
Los que peinan canas, e incluso los que ya no peinamos nada, sabemos que dos versiones del Tenerife más adinerado dieron los peores resultados de la historia de nuestro club. El equipo de 1999 cayó estrepitosamente en Segunda División y cerró el ciclo más brillante (la década de los 90) y el de 2011 (con un desfile de cuatro entrenadores y la decepción de lumbreras como Julio Álvarez, Natalio & The Wailers) se nos fue a Segunda B.
Y los que peinan canas, o no peinamos ya una mierda, recordamos que un Tenerife austero, como aquel que ganó la promoción al Betis de Pumpido, Calderé, Hipólito Rincón y el mismo Chano (un equipo absolutamente acaudalado), nos llevó a Primera –contra todo pronóstico- en 1989.
El matemático alemán Leopold Kronecker pensó que «Dios hizo los números enteros y todo lo demás es obra del hombre». Y este pensamiento es aplicable al fútbol y a la Liga: Tebas puede hacer un negocio del copón con Facebook, pero si el Betis-Barça se juega en Massachusetts y no en el Villamarín, la plusvalía no aliviará la herida moral y mortal que sufrirán los hijos de Heliópolis y vaya usted a saber si se extingue la simpar raza bética. Y, aunque reivindique que su edad espiritual representa diez años menos que su edad biológica (el mismo argumento que hemos presentado algunos maduritos en nuestras penúltimas verbenas), Cristiano Ronaldo –el gran asalariado del Calcio- no puede garantizar que ganará el Scudetto para la Juve, y, antes al contrario, no sé por qué me da que la Vecchia Signora se va a estallar como una pita.
La pretemporada es la fase más hermosa del concurso, porque –ajenos a los presupuestos y a los topes salariales- todos sabemos que el fútbol no tiene lógica computacional, y si acaso filosófica, pero que todos salimos con idénticas ilusiones: los ricos con el afán de hacer transferencias bancarias en las porterías de sus rivales y los pobres con la ilusión de que –con gofio, pescado salado e higos picos- sumemos vitamina bastante para sobresalir, fascinar y ascender.
En estas fechas, e independientemente de la jerarquía de los fichajes (aunque Messi no cumplirá jamás su sueño de jugar en el Tenerife), yo siempre me ilusiono con mi equipo. Como escribió el inmortal poeta gomero Pedro García-Cabrera, en estas fechas, cada año y superados los encochinamientos producidas por caos más o menos recientes o amarguras más o menos recientes, “la esperanza me mantiene”.
¡Arriba Tenerife! ¡Este año sí!
- Diputado Grupo Parlamentario Nacionalista (CC-PNC) en el Parlamento de Canarias