Poco más hay que decir. La vida, como el fútbol, es un carnaval. Donde todos tendrán su opinión, su forma de valorar las cosas y su juicio final. No creo que haya Catedráticos del Carnaval, como tampoco los hay en el fútbol. Habrá quienes entiendan que su formación es superior a la del resto porque han estudiado más ese campo. Pero hasta ahí. Sí que, yo que lo poco que sé lo he aprendido de mis amigos, solo me gustaría pedirles una cosa: respeto.
Respeto a las y los que se han subido ahí arriba. Que son 22. Respeto por querer ser parte del Carnaval, a su manera, ensayando y matándose la voz horas y horas. Respeto si piden perdón porque no estuvieron bien, si se alegran por haber pasado a la final y respeto para quien, por desgracia, no disfrutará este viernes del que sería su momento más importante del año. Respeto también por un jurado que habrá puntuado mejor o peor. Pero esto es como lanzar un penalti: hay que estar ahí para lanzarlo.
Y ese respeto debemos aplicárnoslo todos: murgas, periodistas, aficionados. Todos. Ser respetuosos y también consecuentes con lo que se escribe o publica. Somos responsables de la ilusión de muchas personas, de hacerles ver que la vida es de un color porque nosotros lo dictamos. Respeto y responsabilidad. Porque el jurado habrá puntuado mejor o peor. Pero no somos quienes para subirlos a un paredón este viernes y no a un simple lugar donde deben escuchar a las ocho finalistas. Mientras tanto, sigamos aprendiendo en la escuelita murguera. Yo por lo menos, que de esto, casi que no sé nada.