Por @juanjo_ramos
Ha llegado un nuevo lenguaje a Tenerife. La interpretación y el análisis de la trayectoria blanquiazul debe pasar por el tamiz de unas nuevas reglas. La salida de Cervera puso fin al catastrofismo para dar paso a una suerte de dictadura del sí en la que, por mucho que valores la extraordinaria racha de resultados del equipo y el notable trabajo de Agné (extraordinaria y notable sí, es justo lo que pienso), estás incapacitado para poner una mísera pega. Por pequeña que sea. No, no y no. Por eso, para que se eviten ataques tuiteros o etiquetas incómodas en caso de observar un insignificante detalle que no compartan, me presto a servirles de guía. Apunten las diferencias y aprendan.
Si el Tenerife de Cervera acosaba a un Alavés que jugaba con diez y merecía ganar pero no lo hacía porque fallaba sus ocasiones se calificaba como «una vergüenza y un paso atrás». Contra el Barcelona B sucedió lo mismo, pero fue «un orgullo y un espectáculo» ver al creciente equipo de Agné.
Si Suso era el principal caudal de peligro blanquiazul con Cervera se criticaba la escasez de variantes. Con Agné no supuso un problema en el Mini Estadi cargar el 90 por ciento del juego por ese flanco. Porque era lo lógico.
Si Agné alinea a Cristo Díaz, un tercer pivote, ante el Barcelona B y le coloca en la banda izquierda, fuera de su sitio, es lógico por las condiciones del rival. Si pone a Suso por la izquierda contra el Leganés (lo corrigió a los 25 minutos) o le relega a la suplencia en Huelva para dar entrada a Guarrotxena saliendo de una lesión, está innovando y buscando soluciones. Si modifica la posición de sus cuatro defensas para cubrir una ausencia en el lateral derecho, está «haciendo lo que puede». Todo esto antes eran cerveradas. Ahora ya no. Evite confundirse.
Si el equipo aburre al Heliodoro en las segundas partes contra Leganés y Osasuna es porque está «haciendo lo que tiene que hacer» para asegurar el resultado y salir de abajo. Contra Racing y Sabadell, en la etapa anterior, «echaba a la gente del estadio».
Si el entrenador actual no concede entrevistas individuales y se ciñe a las ruedas de prensa, toca silencio y comprensión. Cuando lo hizo Cervera era una muestra de su prepotencia y soberbia.
La última es la mejor. Si se utiliza una comparación para dejar mal al anterior entrenador es fruto del sesudo análisis de un experto. Es la verdad absoluta. En cambio, si alguien osa encontrar similitudes entre las dos etapas o refleja la benevolencia actual, se le acusa de estar obsesionado, anclado en el pasado o de no saber perder. Eso, por cierto, es justo lo que algunos concluirán después de leer estas líneas. Pero no sean malpensados, que estamos en Semana Santa. Si se portan bien y cumplen los nuevos preceptos, les regalaremos una colección de cuentos infantiles en la que el malo ya no es el lobo, la bruja o la madrastra. ¿Saben quién es? Bien, van aprendiendo.
P.D. Estoy con mi amigo José Rojas. El temita cansa. Que si Cervera, que si Agné… ¡Es el Tenerife! Tratemos simplemente de ser justos. Más respeto a las opiniones, a la verdad y al escudo que (casi) todos queremos.