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La decisión de Paul (23-4-14)

Por @jf_rojas

Paul apagó la tele y mandó al niño a la cama. Normalmente entre semana le obligaba a acostarse antes pero cuando el Chelsea jugaba la Champions hacía una excepción y le dejaba quedarse despierto hasta el final del partido. Siempre había sabido que su hijo sería del Chelsea. Él lo era, su padre lo había sido y el niño tendría que serlo. Era una cuestión familiar, algo que se llevaba en la sangre y que les identificaba tanto como la mancha roja que llevaban sobre el hombro izquierdo. De hecho, cuando llegó el momento apenas tuvo que esforzarse en contagiarle la afición. El niño había nacido en plena época de prosperidad ‘blue’ y bastó un mínimo empujón para que se sumara a los padecimientos del padre. El equipo ganaba títulos y la combinación de la purpurina y la tradición familiar no tardaron en enredar al pequeño.

Al salir de la habitación en la que había dejado durmiendo al niño, Paul notó un cosquilleo incómodo en el estómago. El espectáculo que había dado el Chelsea en su partido había sido tan deprimente que el chico, que ya empezaba a ver el fútbol a través de sus propios ojos, manifestaba por primera vez dudas sobre su equipo. Las preguntas del niño durante el encuentro seguían prendidas en la cabeza de Paul. Podría haberle contestado lo que realmente pensaba pero lo último que quería era provocar aún más inquietud en su confusa mente. Sabía que sólo un forofo, un fanático con vivencias arraigadas como él, podía mantener firme su afición a un equipo que jugaba de esa manera. Comprendió entonces que tenía que hacer algo urgente para evitar que Mourinho alejara a su hijo del Chelsea.

Paul se levantó al día siguiente con una decisión en la cabeza. Tenía que explicar al niño que el fútbol es un deporte que sólo consiste en ganar o perder. Era la única forma, había considerado tras un debate interno, de evitar que su hijo terminara arrastrado por otros equipos que interpretaban el juego de una manera más artística y atractiva. Paul notaba el peso del remordimiento sobre los hombros. Se sentía a punto de revelar la identidad de los Reyes Magos en una clase de preescolar. En la cabeza de su hijo el fútbol aún era un juego de goles y paradones en el que la habilidad de los más bajitos y débiles podía derrotar a un ejército de físicos imponentes. Ahora Paul iba a acabar con eso prematuramente para asegurar la tradición familiar. Tras recoger al niño del colegio le preparó la merienda y le sentó a ver unos dibujos animados. Un rato después se acercó a él pesadamente para conversar sobre fútbol. En pocos minutos Mourinho habría de ganar otra alma para su causa.