Skip to main content Scroll Top

La cara muy dura

Por juanjo_ramos

El Deportivo de La Coruña ha descendido a Segunda B y ahí debe jugar la próxima temporada. Lo ha hecho sin jugar la jornada 42 porque su campeonato ha sido tan esperpéntico que ni ganando ese partido que falta por goleada se salvaría.

Todo lo que sucede alrededor es ruido y, si tiene importancia, no es el cuadro gallego el afectado. Solo el Elche y los tres que esperan a jugar el playoff deben sentirse agraviados. Que el Fuenlabrada haya tenido un comportamiento negligente y le haya llevado a sumar 28 positivos sólo debe perjudicar al conjunto madrileño. Pero no salvar al Depor.

Que los partidos no se hayan jugado a la misma hora es una anomalía. Tanto como que la Liga acabe un 20 de julio, haya estado parada tres meses o que las últimas once jornadas se hayan disputado a puerta cerrada. Tiene la culpa el mismo que indispuso al Fuenla: el coronavirus.

Sí, puede que las cosas hubieran resultado distintas de haberse cumplido la unificación horaria. Igual el desastroso Depor es capaz de ganarle a un rival que está 14 puestos más arriba peleando por el ascenso. Puede que Lugo y Albacete se pusieran nerviosos porque les llegara una brisa de A Coruña y no aprovecharan que ambos dependían de ellos mismos. Puede.

Pero pretender jugar al fútbol ficción, aprovechar su capacidad de presión mediática, la consideración de histórico reciente y artimañas que han mezclado incluso la política con el asunto es tener la cara muy dura.

Lo lamento por los aficionados deportivistas. Ellos son los únicos que no tienen culpa de que sus colores los defiendan estos jugadores, un entrenador tirado al monte después de perder el control de su equipo en los últimos meses y un consejo que pensaba más en una especie de misión divina a partir de la próxima temporada que en el gris presente contra el que debía luchar.

Ojalá el Depor vuelva pronto, por su gente, no por los que mandan. Pero en el terreno de juego. Como han hecho Oviedo, Cádiz, Tenerife o Mallorca, entre otros. No con una artificial liga de 24. Eso sería cargarse lo más preciado que tiene el fútbol: que por más poderoso que seas también puedes perder. No premiemos a los caraduras.