por @juanjo_ramos
Tengo el temor de empezar a caer pesado. Antes del derbi me harté de pedir paciencia para no sacar conclusiones (negativas) erróneas sobre el CD Tenerife 14-15. El equipo necesitaba tiempo y hasta un golpe de suerte que rescatara su mejor versión. Ese golpe llegó en forma de derbi, por lo que urge convertirlo en punto de inflexión. En el inicio de la (lenta) escalada hacia puestos más acordes al potencial de esta plantilla.
Pero no nos engañemos. Ni antes era todo un desastre ni ahora han aparecido todas las soluciones de repente. Álvaro Cervera, por ejemplo, volvió a demostrar ante Las Palmas que lee los partidos a la perfección. Sus planteamientos son elogiados hasta por la prensa visitante. Quizás porque allí no hay gente interesada en negarle el pan y la sal. Pero el entrenador blanquiazul solo ha ganado tiempo. Tiene crédito para que la maquinaria alcance velocidad de crucero. Para que los fichajes de mayor fuste entren en la dinámica.
Entiendo que, precisamente, este es su gran reto. Uli Dávila, el jugador de mayor talento con diferencia de la plantilla, debe ser titular. Pero para ello tiene que adaptarse al juego tinerfeñista, aprender a sufrir defensivamente, convertirse en el hombre que aclare el panorama después de robo o aporte soluciones en la salida. Se espera también por Diego Ifrán, referente goleador de la temporada. Y hay que conseguir que Guarrotxena aguante más sobre el terreno de juego, que dosifique mejor sus esfuerzos. Por no mencionar que es necesario cerrar (y no en falso) el debate del lateral izquierdo.
Nada de esto lo resolvió el triunfo en el derbi. Por eso, ya me toca pedir paciencia otra vez. Ahora para que no se dispare la euforia. Para que no creamos que está todo hecho. Que este Tenerife ya es el que queríamos que fuera en agosto. Queda camino por recorrer. Hasta 36 estaciones antes de que el tren llegue a su destino final. Pero reconozco que prefiero seguir con la cantinela de la paciencia en semanas como esta. Desde luego, es mucho más fácil argumentar que quedan cosas por hacer. Porque defender que lo del pasado domingo era posible resultó agotador. Sobre todo ante la gente (menos mal que son pocos) que estaba esperando un error gordo para estallar. Así terminamos viendo caras de duelo en la tele…