Por @JF_Rojas
Aunque ahora la actualidad del Tenerife vuelve a tener más luces que sombras me cuesta evitar cierta decepción al comprobar el papel secundario de la cantera en las últimas alineaciones de Agné. Estas últimas temporadas deberían haber servido para revisar la colección de tópicos y prejuicios que manejamos en la Isla sobre el jugador de casa. El futbolista tinerfeño siempre ha tenido que pelear contra la sospecha maliciosa de la inconstancia y la falta de nivel competitivo. Por alguna razón que en realidad nadie es capaz de explicar, aquí se ha mantenido históricamente que el jugador de la cantera no está a la altura de la exigencia profesional, una mentira que los hechos contradicen cada vez que, como ha sucedido últimamente, el club se ha visto obligado a apostar por ella a falta de otros recursos.
Un repaso rápido a la nómina de futbolistas salidos de las divisiones inferiores en los últimos años conduce a pensar que, en contra de los prejuicios, aquí sí se produce cantidad y calidad como para no tener que importar a diez foráneos cada verano. Hace muchos meses escribía en esta columna que la única política realista para un club como el Tenerife es la de la cantera, tanto desde lo económico como desde lo deportivo. Una buena camada de futbolistas, adiestrada a un estilo de fútbol concreto y reforzada por nombres que marquen las diferencias garantizaría un nivel competitivo que difícilmente podría alcanzar un club mediano tirando de billetero. Si a eso sumamos el plus de identificación y orgullo que transmite un once titular con mayoría de canteranos, la cosa no debería plantear dudas.
Los años de escasez y el trabajo y confianza de gente como Sesé Rivero, Quique Medina o Álvaro Cervera han vuelto a evidenciar lo que decimos. Sin embargo, la experiencia dice que en la Isla ésta es una apuesta coyuntural que se quiebra con facilidad. Un par de buenos resultados como los que viene recogiendo el Tenerife desde el cambio de entrenador y la gente olvida por completo la relevancia de encontrar futbolistas de casa en las alineaciones. Es seguro que entre las prioridades de Agné no figura la de promocionar al futbolista de la base. Al fin y al cabo, al aragonés le trajeron con el encargo concreto de salvar al equipo. No obstante, un club realmente implicado en el asunto debería convencer a sus entrenadores de la importancia estratégica de alinear al de casa cuando está en igualdad de condiciones con el de fuera. A ver si lo tienen en cuenta ahora que parece que vuelven a debatir sobre el modelo que conviene a la entidad.