Por @AleixValero
Apunta esta semana la afición del CD Tenerife, como lo hace el cuerpo técnico, hacia un necesario centrocampista organizador que llegue con carácter de urgencia en este mercado de invierno que ya ha rebasado su ecuador sin movimientos blanquiazules, como posible solución a corto plazo de algunos de los males del equipo.
La misma afición que, a pesar de poder elegir entre un defensa o un delantero, preferiría enseñar la puerta de salida a José Luis Martí y optar por el relevo en el banquillo. Eso es lo que opina el aficionado, auténtico sustento social de la entidad.
Los próximos partidos en casa serán clave para el futuro del entrenador, aunque podría bastar, en el lado negativo, un tropiezo con el Barcelona B este mismo domingo para acelerar unos acontecimientos que recobraron fuerza tras la derrota en Zaragoza; el triunfo en Albacete fue solo un parche, ya que las sensaciones ofrecidas no estuvieron, en ningún caso, a la altura.
Ya se sabe que el fútbol es siempre injusto y se acaba cortando siempre hacia el mismo lado. Ya saben, es más fácil echar a uno que a 20. Cierto es que la defensa de Martí no tiene demasiados argumentos; él mismo ha repetido en varias ruedas de prensa que no se justifica en lesiones, sanciones u otros factores. Se ha jactado de lo amplia y potente que es su plantilla, así que ¿Por qué no obtiene un mejor rendimiento que la del año pasado, en teoría sin tanto talento individual?
Motivos hay, sin rascar mucho en la superficie, para considerar que la salida del actual entrenador sería hasta un paso lógico y cada vez menos traumática atendiendo a su pasado como jugador y margen de maniobra ganado a pulso en la anterior temporada. Pero tampoco olvido una rueda de prensa de Vitolo, hombre con ascendencia dentro del vestuario, en la que, cuestionado por dibujos tácticos explicó, y con razón a mi entender, que casi da igual salir con un 4-4-2 en línea o en rombo, un 4-2-3-1 o un trivote.
Argumentaba Vitolo que estas variaciones en la práctica solo suponen para cada jugador “estar tres o cuatro metros más hacia un lado o hacia otro” ¿Entonces? ¿Exculpamos a los jugadores? Es verdad que Martí no ha dado con la tecla y ha empleado varios sistemas o dibujos, pero si estos “no vuelven locos” a los jugadores ¿Por qué nada ha funcionado tan bien hasta consolidarse?
Sin quitarle responsabilidades al entrenador, que seguro que las tiene, no haríamos mal en mirar también dentro del vestuario. Ese mismo que repite como un mantra, prácticamente desde que se regresó a Segunda División, que su unidad, humanidad, compromiso y lealtad con ellos mismos han sido clave para salvar cualquier situación comprometida.
Que el vestuario blanquiazul ha sido un bloque y un ejemplo para otros por su buen rollo entre ellos mismos, comportándose prácticamente como camaradas es tan verdad como que el de esta temporada no lo es. Se quiera ver o no, publicar o no, encubrir o no, este curso no destaca precisamente por esos valores ¡Ojo! No quiero apuntar con esto que sea un vestuario contaminado o ‘bichado’, pero por los motivos que sean, porque cada uno es de su padre y su madre, no se ha logrado crear un grupo tan homogéneo como otros más recientes, y esa sí puede ser una de las claves de los resultados de la temporada.
No creo que haya intención de hacerle la cama a Martí a propósito, más bien que esa química venida a menos se ha dejado notar en el campo y, especialmente, fuera del mismo, con reproches y alguna que otra discusión (que no pelea). Pero sí creo que al entrenador, que no hay que olvidar que aun no tiene la suficiente experiencia en los banquillos de años de trabajo y lidiar con asuntos así desde esta perspectiva, se le ha ido el grupo de las manos, que no ha sabido de momento reconducir esta situación, para mí aspecto fundamental en el funcionamiento colectivo de un bloque que está empezando a perder solidez para licuarse hasta perderse por el sumidero, habiendo olvidado ya poner el talento y compromiso a disposición del todo.