Por @jf_rojas
Leo que a Cervera le dan un partido más de crédito. Que si el Tenerife no gana al Barcelona B es muy posible que se lo limpien desde el club. No soy sospechoso de pertenecer a esa secta que han dado a llamar cerverismo pero me sorprende la noticia. De hecho añadiría que pertenece a esa clase de cosas que pueden explicar la deprimente marcha del equipo en los últimos lustros. No creo que ninguna clase de entidad, tenga la naturaleza que tenga, pueda sobrevivir a un gobierno así de voluble. Tampoco conozco a empresario de éxito que maneje su empresa con la inconstancia y la superficialidad con la que lo hacen los presidentes como Miguel Concepción.
No hace nada el Tenerife le entregaba las llaves del negocio a Cervera. El técnico era la piedra angular, el hombre de confianza, el pilar sobre el que se asentaba toda la estructura deportiva. Tanto es así que esa decisión precipitó la salida del secretario técnico que había firmado al propio entrenador y bajo cuyo criterio se había construido la plantilla. La apuesta por Cervera no sólo significaba un cambio de nombres sino también un giro de timón en la estrategia deportiva del club. De hecho, nos contaron que para “ayudarle” traían a Alfonso Serrano y entre ambos dieron carpetazo a una política de fichajes que había funcionado razonablemente bien los años anteriores.
Es sintomático que un puñado de malos resultados hagan tambalear una apuesta tan aparentemente crucial. Algún ingenuo pensaría que algo así se apoyaba en consideraciones sólidas pero por desgracia una vez más comprobamos que de donde no hay no se puede sacar. Recuerdo la solemnidad con la que se saludaron los cambios en la dirección deportiva. Si ya entonces las referencias a un proyecto, a una estructura o a la Premier daban risa, ahora dan lástima. Tanto como esa salida airosa a medio camino que pretenderían ofrecerle a Cervera maquillando una estructura que en realidad es mucho más simple ¿Esperarían ustedes planificación de quien piensa distinto cada vez que cambia el tiempo? Pues eso.