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La alargada sombra de Pérez, por Paco Simón (22-11-14)

Por @pacosimon1

Pasa el tiempo, pero hay cosas que tienden a permanecer inalterables. El pandemónium en que vive instalado el Tenerife es una de ellas. Podrá objetárseme con razón que mi perspectiva lleva implícita cierta carga de distorsión por la distancia –resido a cerca de 2.000 kilómetros de la isla- pero la realidad es que hablamos de un club ciclotímico que en los últimos tiempos alterna picos de efímera efervescencia con turbulentos periodos en los que concatena contratiempos. Y si no los hay, se buscan, que para eso ya cuentan dentro con inveterados especialistas en la materia.

Ni siquiera preciso ser espectador directo de los hechos para tener constancia de que al ‘ruso’ García se lo acaban de cargar por hacer un uso extemporáneo del alfabeto cirílico contra los planteamientos de Cervera, o que a Jacobo se le cortocircuitan los cables cada dos por tres y anda pidiendo pista en Los Rodeos para volar sin billete de vuelta, o que tienen por ahí a un internacional hondureño que solo puede jugar pachangas en el salón de su casa y que la última rueda de Prensa del director deportivo, lejos de ventilar el ambiente, lo que ha dejado es un desagradable tufillo en función de tanta cagada como aireó.     

En fin, que aunque uno suela ser refractario a echar la vista atrás en determinados asuntos no está de más reconocer cierta nostalgia al recordar mis primeros pasos en la isla y los nombres que asocio a aquel legendario Tenerife de finales del 95. Desde la atracción perfeccionista que transmitía Heynckes en el banquillo a las inverosímiles paradas de Ojeda, la sobriedad de Mata y César Gómez en el eje de la zaga, la hegemonía de Jokanovic en el mediocentro, la magia de Juanele, la regularidad de Felipe, el guante de Chano, el pichichi de Pizzi…

Pero me quedo sobre todo con la mística aureola de Javier Pérez. Con su gestión deportiva. De las docenas de dirigentes deportivos con los que he tenido ocasión de tratar ninguno ha sido capaz de equiparársele con la única excepción, si acaso, del presidente del Getafe, Ángel Torres, cuya dimensión en el club madrileño va camino de alcanzar similares cotas. Pérez fue un auténtico visionario que llevó al Tenerife a las puertas de la gloria, si es que no las traspasó, y su sombra sigue siendo demasiado alargada para quienes le han sucedido en el Callejón del Combate. El próximo 13 de diciembre se cumplen diez años de su muerte y yo, aunque sea desde la distancia, sigo echando de menos ese homenaje que bien merece la figura más importante que haya dado el tinerfeñismo. Más vale tarde que nunca.