Por @jf_rojas
Vengo oyendo últimamente algunas quejas acerca de la grada del Tenerife. Se dice que este año la afición no está a la altura del equipo y que el grupo de Cervera merece más apoyo del que le está ofreciendo su gente. El domingo sin ir más lejos algunos esperaban en el Heliodoro más público del que finalmente acudió teniendo en cuenta que se disputaba un partido tan atractivo e importante como el del Alavés. No obstante, la entrada estuvo arriba o abajo muy cerca de la media de la temporada, unos diez mil espectadores, lo que podría parecer escaso para un club del tamaño del Tenerife en una categoría como la Segunda División.
El asunto de las aficiones es territorio abonado para demagogias de todas las clases. Sobre la hinchada del Tenerife uno ha escuchado durante estos años desde que es la mejor y más sufrida del mundo hasta que se trata de una afición escasa e inconstante apegada a modas y épocas de bonanza. No comparto ninguna de las dos visiones aunque sí conozco a quienes han mantenido alguna e incluso ambas según las circunstancias. Cuando se habla de este asunto suele perderse la objetividad. La gente que rodea al club tiende al halago gratuito para evitarse problemas con sus clientes mientras que los que juzgan desde otras trincheras suelen hacerlo con la camiseta del rival puesta.
Yo creo que en realidad no existe una afición ajena a las vicisitudes de su club y que en ese sentido la del Tenerife ha sido víctima del último tramo de la historia del equipo. Los que ahora lamentan la escasa afluencia de público al Heliodoro olvidan que estas últimas temporadas la entidad ha hecho todo lo posible por espantar a su gente. Aún está fresca la enorme y masiva respuesta de júbilo y compromiso que provocó el último ascenso a Primera. Las colas interminables por fuera de las taquillas para reservar asiento y los miles de nuevos seguidores que se acercaron entonces pudieron administrarse mucho mejor pero finalmente quedaron en nada a fuerza de fracasos deportivos y estímulos negativos.
La respuesta que ofrece hoy la afición es herencia de todo esto. No obstante, nunca diría que este año la gente está por debajo de su equipo. Aseguraría en cambio que las últimas temporadas en Segunda B han sido como una prueba del algodón que la grada ha superado con matrícula de honor. No hay condiciones más duras para medir la fidelidad de una hinchada y sin embargo durante estas dos temporadas en el pozo la grada ofreció casi siempre mucho más de lo que podían devolverle. Quizás por eso no tenga ninguna duda respecto a que, cuando se la necesite, la gente volverá al Heliodoro. Espero que cuando ocurra nadie se encargue de echarla de nuevo.