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Juan Villar

Por @beatrizpalmero

Si hay un jugador que realmente me impresionó en los partidos de pretemporada, ese fue Juan Villar. Me sorprendió su habilidad para situarse en el lugar preciso en el área contraria, su desparpajo para deshacerse del rival, su verticalidad. Me entusiasmó y en esos aburridos amistosos preparatorios es difícil ilusionarse, porque sólo se ven trazas de los que puede llegar a ser, porque lo importante no es el juego, sino acumular rodaje, ir encajando las piezas, que se vayan ensamblando y conociéndose naturalmente.

Pocas veces un jugador me deja con esa sensación de querer más. Tenía ganas de verlo en competición, ver cómo podía crecer en el equipo una vez se fuera acoplando, ver cuánto podía llegar a dar al Tenerife. De momento, sigo esperando el momento de hacerlo. La pretemporada acabó para él con molestias musculares, aunque estuvo listo a tiempo para jugar unos minutos en el debut liguero. Pero Martí se precipitó al hacerlo titular en la segunda jornada y llegó su primera lesión muscular. Se fue más prudente en su regreso, y nos dejó un golazo en la retina en el Carlos Tartiere.

Pensé entonces que al fin podría saciar esas ganas de verle asentado en el once y ver qué podía dar de sí. Me volví a equivocar. Hay ocasiones en que, cuando no son las malas decisiones, aparece la mala suerte. Y para haberse fijado en el onubense. Una fuerte entrada de un rival lo devolvió al dique seco. Y no había lugar para la luz al final del túnel. Su regreso se saldó con una nueva rotura muscular. Sus lágrimas me dolieron hasta a mí.

La Liga es larga y estoy segura de que en algún momento podré ver a ese Villar que adiviné en pretemporada. Pero hay que abrir un período de reflexión. Las recaídas no son buena señal, aunque no podemos obviar que las lesiones musculares son el lunar negro de los futbolistas, las estadísticas están ahí, y el estrés al que someten los músculos de las piernas es innegable. Pero hay algo que está fallando con él, y no podemos sólo señalar a la mala suerte. El Tenerife debe cuidar a uno de los jugadores llamados, a priori, a ser un referente de su plantilla; debe recuperar a ese futbolista que brilló en pretemporada, con lo difícil que eso resulta. Debe encontrar las causas por las que, en este primer tercio liguero, no hemos podido disfrutar de su fútbol.

Y no es que no quiera quedarme con las ganas. Es que no debo.