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José Naranjo

por @juanjo_ramos

Tenerife es un sitio que te devora si no aprendes a aceptar la realidad que te toca en cada momento. Es uno de esos entornos maravillosos si las cosas van bien y tóxicos cuando los resultados no acompañan y el rendimiento individual se tuerce. Al aficionado de hoy, radicalizado y con prisas, no le puedes pedir tiempo. Quiere que hagas las cosas bien ya y, si no te salen, da igual que sea porque llegas fuera de forma, necesitas un periodo de aclimatación al sistema de juego, el entrenador te pide cosas que no puedes ofrecer o la dinámica de resultados te arrastra al pozo.

Por eso, seguimos esperando a José Naranjo. Introvertido y poco expresivo, el llamado a ser jugador franquicia del proyecto 18/19 entró con mal pie en el equipo pese a sus ilusionantes primeros minutos contra el Nástic. Joseba Etxeberria se precipitó al darle la titularidad y la dinámica hizo el resto. Cinco jornadas sin victorias pusieron bajo sospecha cada fichaje y condenaron al entrenador a la destitución.

Luego, José Luis Oltra le “protegió” sacándole del once. Para él fue como volver a empezar hasta que un hueco en la delantera le permitió regresar a la titularidad. Algún error en la salida (el 2-0 del Numancia), su aparente frialdad y una tarjeta amarilla en el peor momento, a las puertas del derbi y cuando había encadenado varias actuaciones esperanzadoras, le volvieron a situar en la picota.

A Naranjo se le ve el talento. Además, estando lejos de lo que se esperaba, es el máximo goleador del Tenerife (4) y el que más asistencias ha proporcionado (3). Eso, estando mal. Imagínense de lo que es capaz estando bien. En la Isla, vuelvo al principio, en lugar de verlo de esta forma preferimos utilizar su fichaje como arma arrojadiza. Hubo hasta quien se inventó ofertas en el mercado de invierno y hasta la predisposición del club a darle salida.

Puede que el andaluz acabe la temporada sin pena ni gloria y sea carne de cañón para un Víctor Moreno al que no parece temblarle el pulso en el apartado de salidas. Pero también puede ser que, con un poquito de fe y confianza, tanto del entrenador como de la grada, un futbolista pretendido por más de la mitad de los equipos de Segunda el pasado verano, acabe dando la razón a tanto director deportivo.

Claro que José Naranjo tiene parte de culpa de su situación. Es él el que falla o no cubre las expectativas. Pero tiene actitud, no ha dejado de intentarlo y algo me dice que está a un palmo de darle cosas importantes al Tenerife. Igual entonces sus críticos, los de dentro y los de fuera, tratarán de hacerlo algo que hasta ahora han intentado poco: entenderle.