por @juanjo_ramos
Me gusta escribir unas líneas sobre los entrenadores del CD Tenerife cuando los conozco un poquito más. Y eso suele suceder después de tener la oportunidad de entrevistarlos. Me tocó el pasado lunes hacerlo con José Luis Martí y el resultado pudieron leerlo ustedes al día siguiente en El Día. Habló con tranquilidad, naturalidad y claridad. Para el balear, futbolista y aprendiz hasta los 40, cada día cuenta. Y la ilusión pasa por ganar.
Descubrí en el encuentro al mismo chico ilusionado que, en el verano de 2000, aterrizó en la Isla. Entonces afrontaba su primera gran experiencia como jugador y exhibió una veteranía impropia de su edad. Ahora he repetido sensación. Es un entrenador novato, pero por el discurso parece que lleva décadas en los banquillos. No es provocador como Mourinho ni antipático como Luis Enrique y huye de los titulares grandilocuentes y vacíos de Paco Jémez. Puede que llegue a resultar hasta plano en las ruedas de prensa, pero al acercarse descubre uno que hay profundidad en sus reflexiones.
A Martí le gustaría que su Tenerife jugara bonito. Pero sabe que lo importante es que compita lo mejor posible y que igual eso pasa por sacrificar algo la estética. Es consciente de que falta gente por acercarse al Heliodoro. Tanto como que la mejor herramienta para atraerlo son las victorias y no el tipo de juego desplegado. Y sobre todo, deja entrever que no se le puede exigir algo al equipo para lo que no está preparado: pelear por el ascenso.
¿Le gustaría? Sí. ¿Lo ve posible? Sí. Pero no quiere asumir una obligación irreal ni meter una presión que no le corresponde al club. Cuando él, que está dentro de la entidad, habla de realismo más que de falta de ambición será por algo. Cuando nos recuerda que hace tres años navegábamos todos por las procelosas aguas de la Segunda B conviene tenerlo en cuenta.
Desgraciadamente, a este Tenerife le queda camino por recorrer antes de ser un candidato con etiqueta de candidato. Puede ser una sorpresa. Y está en el camino. El dato no es baladí: desde la llegada de Martí, los números son de play off. Simplemente manteniendo este ritmo de puntuación (18 puntos cada 10 jornadas) le daría para acabar entre los seis primeros. Pero no exijamos, disfrutemos.
Martí lo tiene claro. Y no cambiará de rumbo. Quizás hayamos encontrado un entrenador para años. Eso habrá que descubrirlo con el tiempo. Al menos tiene el mérito del consenso y la pacificación del ambiente solo con poner un pie en la Isla. Al frente de la nave hay un señor más identificado con la causa y respetuoso con la identidad blanquiazul que muchos de sus antecesores. Algo hemos ganado. Y si no nos liamos con discusiones más propias de chiringuitos o clubes de poesía (así de variados somos), igual hasta nos da alegrías pronto.