Por @rondoscutillas
Escribo estas líneas al volver de mis vacaciones. He desconectado durante una quincena y esa recarga de energía, contemplando otros paisajes y descubriendo nuevas latitudes, se agradece antes de reencontrarme nuevamente con el trabajo y con los lectores de Deporpress a través de este espacio. El regreso ha sido plácido, aunque el ritmo de mi primer día de rutina me ha servido para reflexionar, una vez más, sobre cómo esto de la comunicación ya no es, ni por asomo, como cuando, allá por julio de 1993, tuve la oportunidad de empezar a convertirme en lo que soñaba ser de niño.
Melancolías de cuarentón aparte, compruebo que la inmediatez y la magia de la radio han sido derrotadas definitivamente. Las noticias vuelan ahora directamente a tu teléfono móvil en forma de whatsapp, de tweet, de periscope y de no sé cuantas aplicaciones más. Resulta difícil aventurarse a decir qué nos deparará el futuro inmediato en cuanto a las nuevas tecnologías. Pero está claro que ningún niño de hoy en día se traga ya aquel cuento de nuestros padres cuando, para no descubrir a sus fuentes, nos decían aquello de ‘un pajarito me ha dicho que…’.
Los relatos evolucionan. Se modernizan. Y se dispersan de manera adictiva incluso. Pero ya no los llevan los pajaritos. Ahora van encerrados en una jaula de 140 caracteres a la que han bautizado con el equivalente inglés de la onomatopeya del piar de las aves. En este mundo dominado por gigas y megas que se comercializan bajo rimbombantes vocablos salidos de la lengua de Shakespeare, los comunicadores, periodistas, informadores o simples ciudadanos se lanzan a ese universo global compitiendo por alcanzar el mayor número de seguidores o de redistribución de su mensaje por otros usuarios a través de la misma red.
Y, por supuesto, también tratan de ser los primeros en contar algo. En esa alocada carrera, las cosas siguen siendo exactamente igual que hace 23 veranos. Y el narcisismo del ‘yo lo dije antes que tú’ lleva a errores que, afortunadamente, resultan tan efímeros como la gloria del que logra adelantar esto o aquello a través de las redes sociales. En este mundo global en el que el hombre sigue cometiendo atrocidades iguales o mayores que las de hace dos décadas con sus semejantes y con el medio que lo rodea, en el que cada vez resulta más complicado estar de acuerdo en algo y en el que todo, hasta las discusiones, se retransmiten por las redes, compruebo que el teléfono móvil se ha convertido en la herramienta universal.
Él ya es el amo de nuestras vidas. Y las gobierna al ritmo de sus avisos, alarmas, recordatorios, juegos y melodías. Lo último es que, armados con él, sus poseedores se regalan minutos de felicidad cazando ‘pokemons’ por las calles de medio mundo. El Club Deportivo Tenerife, que se ha enganchado tarde a esto de las tecnologías de la comunicación, logró ayer, de una manera tan simple como eficiente, que el fichaje del portero suplente de Razak en el Córdoba el pasado curso (Ismael Falcón), fuese el segundo ‘trending topic’ nacional en Twitter (tema del momento para entendernos), solo por detrás del nombramiento de Ana Pastor como nueva presidenta del Congreso de los Diputados.
Pero la cosa promete este curso. En el vestuario del Heliodoro tenemos, desde hace pocas semanas, a otro icono tuitero como Marc Crosas. La cuenta oficial del mediocentro catalán (@marccrosas) triplica casi en número de seguidores a la del club blanquiazul (@CDTOficial), lo que da una idea de la dimensión y repercusión que tienen y tendrán los mensajes que difunda el futbolista a través de esta aplicación.
Dejando a un lado por hoy el escenario virtual, esta semana también se ponen a la venta los abonos del Tenerife y, como suele pasar todos los años, habrá que tirar de fe blanquiazul para renovarlo. John Fitzgerald Kennedy dijo durante su investidura como presidente de Estados Unidos, el 20 de enero de 1961, aquello de “no preguntes lo que tu país puede hacer por ti, pregunta lo que tú puedes hacer por tu país”. Pues eso. Ahora nos toca a los aficionados dar el primer paso y seguir el consejo de JFK.