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Javier Pérez, por Eugenio Ibáñez

Por Eugenio Ibáñez (*)

Conocí a Javier Pérez y Pérez en las reuniones de la Alternativa Azul y Blanca, compuesta por una serie de amigos que compartíamos el cariño y la pasión por nuestro querido CD Tenerife, allí manifestábamos nuestras inquietudes y nuestras mejores ideas para recuperar el rumbo deportivo del club. De este grupo surgió la primera Junta Directiva presidida por Javier el 20 de junio de 1986, todos eran excelentes aficionados de los que partían jugosas e importantes ideas para mejorar la mala situación económica del club que, además de encontrarse en Segunda B, tenía una deuda aproximada a los 350 millones de pesetas que, por aquel entonces, era una losa muy grande, sobre todo, por los pocos recursos económicos que originaba el club en la categoría donde militaba.

La situación económica y deportiva del club requería soluciones que los ingresos típicos del club no podían abordar,  era una situación tan problemática que sólo con trabajo y con unas buenas dosis de imaginación debíamos de solucionar. Entre todos, la persona más propensa a promover cambios era Javier, de allí surgieron las ideas de instalar un quiosco en carnavales, instalar una enorme hucha en la Plaza España, conseguir la venta de vallas publicitarias en el estadio, etc…

Pero entre todas las gestiones atípicas de ingresos que se hicieron, y que ha pasado desapercibida en las jornadas que en su memoria se han desarrollado, destacaría la organización del “Superlote”, éste se realizó con la colaboración de la Cruz Roja, que compartía un tanto por ciento por la venta de cada papeleta, de esa forma eludimos los porcentajes que se llevaba la hacienda pública,  fue importante  la resonancia que se le dio al sorteo, la agencia de publicidad que colaboraba con el club inundó la ciudad de vallas que anunciaban los premios, que iban desde un  apartamento en el sur, hasta un Mercedes Benz, además de electrodomésticos, etc., esta gestión reportó al club cerca de 70 millones de pesetas. Con  estos ingresos se pudieron fichar a jugadores que permitieron ser el embrión de los sucesivos ascensos hasta llegar a la División de Honor, sin lugar a dudas, fue el primer empujón de éxitos futuros.

Las carencias que padecía el club cuando accedimos y lo que después se consiguió, refleja la magnitud de la gestión que realizó Javier al frente del club, la consecución de conseguir ser el 15º mejor equipo de Europa en el año 1997 según el ranking FIFA, lo dice todo.

De todos son conocidas las habilidades sociales de Javier, a sus cualidades intelectivas de profesor universitario habría que añadir sus peculiares características personales, era reflexivo e intuitivo y un trabajador incansable, Javier destacaba por su buena locución y generaba expectación en sus intervenciones en los medios de comunicación. Sus apariciones en la prensa nacional fueron numerosas y suscitaban un especial interés. Con frecuencia era requerido para intervenir en cualquier debate que surgiese controversia en el futbol nacional, temas de arbitrajes, Federación o Liga de Fútbol Profesional.

Hicimos una gran amistad durante los 17 años que convivimos en torno al C. D. Tenerife, Javier era muy familiar y cuando las competiciones nos dejaban libre los fines de semana solíamos compartir almuerzos, bien en su casa o en la de otros amigos, intentaba, siempre, consolidar la amistad en torno a nuestras respectivas familias. La amistad nace cuando las personas encuentran inquietudes y sentimientos comunes, se creó una relación de afecto y simpatía.

De entre todos los magníficos directivos que tuvo Javier durante su gestión, yo tuve el privilegio de estar con él desde el principio. Siento que lo decepcioné al final. A finales del 2002 se convocaban nuevas elecciones para regir el Consejo de Administración del C. D. Tenerife, en el mes de octubre le comenté que yo no quería volver a repetir porque percibía que no íbamos a salir ganadores y que creía que nuestro ciclo había terminado. El me comentaba que teníamos que seguir porque había que terminar nuestro proyecto, sobre todo el de finalizar las obras de la Ciudad Deportiva y el proyecto Tinerfia que permitiría que sanease de forma determinante  la economía del club, con este sostén quería perpetuar al C. D. Tenerife entre los mejores clubes de España. Un día antes del recuento de la acciones sabíamos que la perdíamos, yo le pedí a Javier estar en la mesa presidencial  ya que si  con él compartí los días de éxito, también quería estar con él el día de la derrota. Paradójicamente mi sustituto en la plancha era Miguel Concepción, el presidente actual.

Sentí y sufrí con Javier las circunstancias que concurrieron después de la Junta General de Accionistas. También le dañó mucho la querella que puso el nuevo Consejo, fue una pena innecesaria que sufrió injustamente.  El próximo día 13 hará once años de su fallecimiento y como aquél fatídico día “sólo le pido a Dios, que siempre te cuide”.

(*) Eugenio Ibáñez fue directivo del CD Tenerife con Javier Pérez durante 17 años