Redacción Deporpress | El sentimiento tinerfeñista se pasea por muchos rincones del planeta. Un amor para toda la vida de miles de seguidores incondicionales del camino desarrollado por el CD Tenerife, en representación de toda una Isla, dentro del deporte rey. Porque ser blanquiazul se nace y se hace. Jaime Méndez es uno de esos corazones teñidos de blanco y azul que pasea el orgullo del representativo en el extranjero.
Por cuestiones laborales, vive desde año y medio fuera de nuestras fronteras: primero, en Luxemburgo; ahora, en Londres. Pero la distancia no ha mermado su amor por unos colores, obsequiado asimismo en el día de Reyes con una grata sorpresa: el club de su vida le comunicaba mediante redes sociales que Melchor, Gaspar y Baltasar le habían dejado un detalle en clave blanquiazul. Días antes, su reencuentro con el recinto capitalino se tradujo en victoria: 4-2 al Albacete. Con él, inauguramos una nueva sección: planeta birria.
DP: Parece que este año se portó bien. Los Reyes le dejaron unos detalles en el Heliodoro. ¿Cómo se enteró de la noticia?
Jaime Méndez: Fue un poco impactante. Abrí los regalos, saqué a pasear a mis perros y, cuando estaba terminando de desayunar con la familia, miré el móvil y vi un montón de notificaciones en Twitter. Me pregunté qué había pasado y vi la notificación del CD Tenerife, donde vi que me había tocado un premio. Me pregunté el motivo, pero una vez investigué bien en los mensajes lo descubrí. Me alegré bastante.
DP: ¿Agradecido por el gesto del club?
JM: Sin duda. En los últimos años había tenido algún que otro detalle con los abonados, pero nunca a este nivel. Ni me lo hubiese imaginado. Es bastante reconfortante, no solo para mí, sino para cualquiera que fuese el elegido. Es un detalle precioso. Somos muchos los que andamos fuera, pero siempre tratamos en la vuelta de cuadrar alguna fecha para ir a ver algún partido en el estadio.
DP: Un obsequio entregado bajo el verde del Heliodoro por el capitán. ¿Fue un día especial?
JM: Fue verdaderamente especial. El trato, bastante cercano. Nos organizamos en una hora porque querían que me entregase el premio uno de los capitanes. Suso estuvo bastante simpático. Conté con mucha suerte, sacando unos minutos para obsequiarme con este regalo en el Heliodoro. Estoy súper contento.
DP: ¿Desde cuándo lleva viviendo fuera?
JM: Ahora vivo en Londres, pero desde hace un año y medio estuve habitando en Luxemburgo. La empresa donde trabajo me ha destinado ahora en Reino Unido, por lo que llevo únicamente un mes. Me mudé a Luxemburgo primero porque, aunque aquí no tenía una mala situación, contaba un salario que quizás de vistas al futuro no resulta tan rentable. Quería crecer profesionalmente, ya que en Canarias predominan las pymes, mientras que en Luxemburgo abarcas más campo con multinacionales. Entonces, me marché a Luxemburgo bajo un programa de desarrollo a nivel financiero.
DP: ¿Cómo y cuándo nace el sentimiento blanquiazul de Jaime Méndez?
JM: Creo que desde que estaba en la barriga de mi madre. Mi padre es abonado de toda la vida, mientras que en el resto de mi familia también. Mi madre subía desde el sur a ver los partidos del Tenerife desde los años 70-80, yendo de Guía de Isora a la capital, con el cacao que suponía en aquella época. Mi primer año como abonado fue el año posterior al ascenso de Benítez. Desde entonces, llevo abonado toda la vida. Con anterioridad, iba de manera bastante asidua a través de algún abono de amigos de mi padre que no acudían al Heliodoro.
DP: ¿Cómo se lleva el sentimiento birria tan alejado de la Isla?
JM: De una manera diferente. No es lo mismo en el sentido de que, cuando vas todo el domingo al Heliodoro, te juntas con más gente y estás en el día a día del club. Es cierto que todo se ha reducido con el acercamiento que tenemos a través de redes sociales, pero no lo vives con la misma intensidad que cuando lo vivía aquí. Es un caso extraño en mi caso, ya que yo venía cada domingo que jugaba en el Heliodoro, en una especie de ritual, ya que subía desde el sur, comiendo con la familia, viéndote además con amigos durante los prolegómenos del encuentro, ya que estuve en peñas. Echo de menos toda la atmósfera que rodea a lo que va antes del partido. Me gustaría ver los derbis o presenciar encuentros como aquella remontada al Alcorcón. Sí es verdad que cuando pierdas jugando mal, dices eso de ‘menos mal que no estaba ahí porque menudo mosqueo’. Pero es complicado. Se vive de manera más tranquila desde fuera, pero evadirse del sentimiento es imposible.
DP: ¿Suelen hacerle la típica pregunta de qué equipo es pensando en que responda con un club grande?
JM: En Luxemburgo se quedaban más sorprendidos, ya que allí siempre esperan que digas los nombres del Real Madrid o el Barcelona. Incluso, cuando les decía que era del Tenerife, se quedaban en cierta manera sorprendidos, diciéndome que si aquí también teníamos equipo de fútbol. Pero ahora en Inglaterra es diferente, pues tienen mayor cultura futbolística en ese sentido. La gente no se siente allí de los grandes, sino del equipo de su pueblo, ciudad o del lugar más próximo donde ha nacido su familia. Es verdad que cuando les dices que eres del Tenerife, no se sorprenden tanto. Ojalá en España tuviésemos la mitad de sentimiento que tienen ellos por los clubes más humildes.
DP: ¿Se echa de menos el ritual de ir al Heliodoro cada quince días?
JM: Creo que sí. Vives mucho el prepartido. Incluso, cuando te marcan dentro del partido, te cambia el chip. Sabes que es un momento único donde debes disfrutar del momento. Es un aroma que me gusta porque compartes un sentimiento con tus amigos. Se vive mucho. Todo se convierte en esencial, entrando incluso al campo con la sensación de que toca animar a tope. Este ha sido el cuarto partido –contra el Albacete- en el que voy al Heliodoro desde que estoy fuera. En sitios como Luxemburgo, se hacía complicado venir a la Isla por cuestión de escalas y fechas durante un fin de semana. Pero aprendes a valorar cosas que antes no era así.
DP: Tuvo suerte. Solo se había ganado al Numancia hasta la fecha en casa.
JM: No sé qué tengo, pero siempre que voy, metemos 80-90 goles. Este año fue una pasada, ya que fui al 3-3 contra el Racing de Santander, con un bajón enorme tras el empate en el descuento. Luego, este 4-2 y cómo sucedió. Pero ya el curso pasado, me tocó el 3-2 contra el Osasuna. Me van los partidos locos.
DP: ¿Cómo sigue los partidos desde el extranjero?
JM: Tengo suerte, ya que mi padre es abonado de Movistar Plus y puedo entrar a través de la plataforma online. Es bastante sencillo. Con Bein Connect durante años anteriores, tampoco tuve problemas. A veces, quieres aprovechar el tiempo para hacer vida de ocio, por lo que cuando no puedo verlo tiro de radio o del móvil para seguir a través de redes sociales.
DP: ¿Su mejor recuerdo en clave blanquiazul?
JM: Bastantes. Tuve suerte de compartir muchos momentos en la peña extinta Instinto Blanquiazul. Quizás, el segundo gol de Nino contra el Xerez, cuando ya estábamos casi en Primera. Me parece que ha sido el momento más bonito que he vivido en el estadio en toda mi vida. Luego, también está el 3-0 a Las Palmas, la fase de ascenso contra el Hospitalet para volver a Segunda y algún que otro partido en Primera. Pero el del Xerez, fue increíble. Ese segundo gol fue el mayor detonante de emoción que he tenido en el Heliodoro.
DP: ¿Tembló el Heliodoro?
JM: Sí, tembló. Nunca he sentido un terremoto, pero lo más parecido a ello, ha sido ese momento. Fue muy bestia. Salí corriendo, quitándome la camisa… y cuando me di cuenta, vi a un montón de gente corriendo para todos lados, saltando y vibrando en el estadio. Fue un culmen. Creo que fue una circunstancia que podría repetirse si en años próximos consiguiéramos volver a la élite, después de tanto tiempo. Además, vino tras un momento de mucha tensión durante todo el encuentro. Una película que podría firmar perfectamente Hollywood.
DP: Hablando de aquel gol de Nino, ¿ha tenido algún jugador o especie de ídolo que le haya marcado?
JM: Actualmente, admiro mucho a futbolistas como Suso, Carlos Ruiz o Aitor Sanz porque defienden ese sentimiento blanquiazul. Aunque Carlos y Aitor sean de fuera, son prácticamente ídolos por lo que representan. Aunque el gran último ídolo que tuve yo fue Manolo Martínez. Tenía hasta su camiseta. Mis amigos solían vacilarme diciéndome que a dónde iba con la camiseta con su nombre, pero a mí me parecía un tipo fantástico. Aportaba muchísima energía y personalidad. Cuando se reconvirtió en central, fue pieza clave en el Tenerife de Oltra. Más atrás: Jokanovic, Paunovic, Keko, Marioni… De pequeño, idolatras más. Pero cuando creces, lo ves con otra perspectiva. son jugadores emblemáticos.