Redacción Deporpress | El Tenerife compite. No le da para ganar fuera de casa pero, cuando lo sencillo sería poner excusas, sigue intentándolo. A veces lo consigue, como ante el Sporting. Y otras, como ante el Cádiz en el Carranza, le da solo para empatar. El punto es anecdótico desde el punto de vista clasificatorio. Pero dice mucho sobre la actitud de un grupo que, pese a haber firmado una campaña demasiado irregular, defiende el escudo hasta la última jornada.
Es cierto que no todos son igual de intensos. Y quizá, en esa heterogeneidad, ha estado una de las claves del batacazo de esta temporada. Hay jugadores de diferentes velocidades, como es lógico en el fútbol, y hasta de diferente voltaje. Y esto último sí que es peligroso. Un grupo ganador lo es, precisamente, por su carácter solidario. Un equipo ganador se construye desde el esfuerzo colectivo. Sin que nadie racanee una carrera o un esfuerzo. Pero eso, en este Tenerife, sigue siendo aún una utopía.
No es la primera vez que determinados componentes de esta plantilla dimiten en sus funciones a la hora de presionar, perseguir o, simplemente, molestar al adversario. Esa pasividad ha costado un sinfín de puntos esta temporada. Y no puede permitirse si, de verdad, quieren hacer propósito de enmienda y convertirse en un equipo competitivo la próxima temporada. Nadie de este Tenerife, absolutamente nadie, es Messi como para permitirse el lujo de caminar cuando, tras perseguir tibiamente a un adversario, este le supera. Y esa imagen, grabada a fuego en la retina en muchas repeticiones de goles encajados, ha sido una de las tristes constantes de esta temporada.
La mejor noticia del partido ha estado esta vez, sin embargo, en la sala de prensa. Luis Milla, a sus apenas 23 años y con solo cinco meses de estancia en la isla, ha dicho en voz alta lo que muchos piensan pero no se atreven a expresar ante un micrófono. Sus palabras, ratificadas luego por Juan Villar, suenan a capitán aún sin brazalete y denuncian algo que Etxeberria ya había advertido públicamente esta semana. En este Tenerife hay jugadores que filtran y que miran por sus intereses particulares antes que por el bien común.
Sin esa cualidad, sin tirar todos hacia la misma dirección, será imposible que este grupo progrese y logre algo reseñable durante el próximo ejercicio. Por eso el Tenerife, especialmente su dirección deportiva y los que toman las decisiones en el Consejo de administración, tienen una oportunidad de oro para cambiar las cosas de una vez por todas. Están obligados a dar una lección, con acciones y con hechos, de cómo solventar estos problemas para siempre. Sobre todo porque una familia nunca ostenta tal condición si alguno de sus miembros se dedica a vulnerar, una y otra vez, su intimidad.