El verano sigue su curso y ya estamos en agosto. Llega el mes en el que el balón echará a rodar en serio y presiento que vamos a tener unas semanas con mucho movimiento y en las que el proyecto del Tenerife para la 2015/16 debe terminar de definirse con las anheladas piezas de las que aún carece.
El choque frente a la UD Las Palmas de la Copa Mahou confirmó la declaración de intenciones mostrada días atrás en el Heliodoro frente al Sporting. El grupo que dirige Agné ha tomado la bandera de la intensidad y transita por los partidos comportándose como un auténtico bloque, a lo que hay que sumar, además, el esfuerzo exhibido por intentar construir el juego con algo más de criterio que en el pasado.
Este factor, el de intentar hacer otras cosas con el balón, es muy interesante. Sobre todo cuando te mides a conjuntos que, como los asturianos o los grancanarios, tienen una medular muy ordenada y una zaga a la que resulta complicado hincarle el diente.
Los blanquiazules tuvieron ante la UD una concentración y una cohesión que indica que el equipo también sabe sufrir cuando lo despojan de la pelota. Aunque el rival tenga la posesión, el Tenerife sigue compitiendo, a través del esfuerzo colectivo y una presión ordenada, para intentar robar el balón. Este dato, además de incomodar sobremanera al adversario, se traduce en que dos rivales de Primera apenas le hayan generado ocasiones de gol en el Heliodoro a Dani Hernández en 180 minutos.
Cierto es también que los problemas del pasado para encontrar espacios claros o pasillos hacia el área contraria no se han superado, pero esto tampoco parece tan raro a estas alturas si se tiene en cuenta que uno de los principales generadores de llegadas era Suso, que reapareció precisamente el pasado sábado tras superar una operación de rodilla.
Volviendo a las sensaciones de las que escribí la semana pasada, percibo que el nivel de autoestima del plantel ha mejorado respecto al verano pasado. Reconozco que los resultados de este tipo de partidos no tienen prácticamente ningún valor, pero convendrán que no es lo mismo perder sin anotar ni un solo gol, como sucedió en la pretemporada de 2014 frente a Elche, Las Palmas y Espanyol, que haber empatado ahora contra el Sporting y ganado a Las Palmas dejando la impresión de que fuiste mejor que ellos en ambos partidos.
Tampoco existen ya, felizmente, ni la herencia negativa del epílogo de las siete últimas jornadas de la 2013/14, ni el mantra del ‘Cervera, vete ya’. Por eso, el panorama actual es mucho más favorable para encarar el inicio de la temporada con otro aire y con unas perspectivas mucho más positivas. Mi moderado optimismo se mantiene, a tres semanas de que empiece la Liga, sobre los factores descritos hasta esta línea.
Todos somos conscientes de las carencias de este Tenerife, especialmente a la hora de contar con un definidor nato, pero si las incorporaciones que faltan aún por llegar son capaces de mejorar el nivel actual y corren y se implican como los que ya están en nómina, los blanquiazules van a ser un equipo complicado de superar para el resto de los equipos. Pero, sobre todo, van a ser un conjunto mucho más atractivo para verlo jugar al fútbol e, independientemente del resultado final, un grupo muy cohesionado e intenso.