Por @rondoscutillas
El Tenerife cortó la hemorragia. Volvió a ganar casi un mes y medio después. Y lo hizo ante un equipo, el Sporting, que peleará por subir a Primera en el playoff. Fue una victoria por la mínima, pero construida con las herramientas que han caracterizado a los blanquiazules desde la llegada de Etxeberria al banquillo.
Ese, precisamente, es el debate que ha centrado buena parte de la actualidad de la entidad durante esta semana. Lo que sucedió en el Heliodoro en la última jornada o, incluso, lo que pase en los dos encuentros que restan por celebrarse no se antojan argumentos suficientes como para variar la hoja de ruta de un Tenerife que parece haber tomado ya una decisión.
Cada día que pasa sin ofrecerle la continuidad al técnico vasco es la confirmación de un secreto a voces. No va a seguir. Pueden disfrazarlo de mil maneras y envolverlo de otras tantas. Pero, a día de hoy, si tuviese que apostar por algo, lo haría a que Etxeberria no tiene futuro como inquilino del vestuario local del Heliodoro el próximo curso.
Ignoro si el desinterés es mutuo, aunque sospecho que parte, principalmente, de la entidad. También desconozco las razones que barajan en el club para no darle continuidad a un técnico que, con los números en la mano, ha sido el que más ha sumado de la época reciente. Especialmente si lo comparamos, por ejemplo, con lo que hicieron Raúl Agné o José Luis Martí cuando, como él, se hicieron cargo del Tenerife a mitad de temporada.
Aleix Valero dialogó con Etxeberria en una entrevista que publicó Deporpress y de la que saco varias conclusiones. La primera es que el técnico vasco desmiente rotundamente que su hipotética continuidad en la isla esté supeditada, por su parte, a determinadas exigencias o imposiciones al club. La frase tiene la suficiente contundencia para sepultar los rumores, deslizados interesadamente por el entorno en redes sociales y tertulias radiofónicas durante los últimos días, de que sus condiciones para hacerse cargo del proyecto 2018/19 eran leoninas.
Y la segunda es que en Segunda no es suficiente con tener una buena plantilla. Tras admitir que el Tenerife sí la tiene, apostilla que hay que sumarle también una buena mentalidad. Y que ser humilde no está reñido con ser ambicioso. Entre líneas asegura que su ideal se resume en tener la ambición de no conformarte y, a la vez, ser humilde para trabajar a diario en el propósito de intentar ser mejor. Este grupo, por desgracia, solo apretó cuando le vio las orejas al lobo. Regaló puntos y mostró una evidente falta de competitividad lejos de la isla. Y, como suele pasar con el estudiante que solo estudia para aprobar, terminó suspendiendo el examen de cumplir con el objetivo programado.
En el Tenerife, a día de hoy, no creen que Etxeberria sea el mejor candidato para ponerse al volante de este grupo la próxima temporada. La decisión del cambio, a todas luces impopular desde el punto de vista del aficionado, choca también frontalmente con la política continuista que había descrito el club en las últimas temporadas.
Prescindir de un entrenador cuyos números te harían jugar el playoff, si la Liga hubiese comenzado el día que llegó al cargo, parece una temeridad. Si finalmente lo hacen es porque tanto el director deportivo como el presidente están convencidos de que, la persona que reemplace al vasco, aumentará exponencialmente las posibilidades de llegar arriba. El tiempo, y sobre todo los resultados, dirán si tomar una decisión de este calibre fue un acierto o un error.
Sin duda, han elegido entrar en la temporada que viene por el camino más complicado al sustituir una de las piezas que mejor funciona en el engranaje deportivo. Además, cuenta con el beneplácito de la mayoría de la grada y posee toda la información para hacer un diagnóstico preciso de qué es lo necesario para mejorar. Ellos mandan. Y ellos sabrán.
Pase lo que pase habrá que reconocerles algo. Su capacidad para arrancar, en un santiamén, dos de las etiquetas más pesadas que le habían adjudicado al mandato de Miguel Concepción, la de la falta de valentía y, sobre todo, la del inmovilismo.