Por @rondoscutillas
El Tenerife regresó de vacío de La Romareda. Un penalti que no era y otro muy discutible transforman la racha blanquiazul de cuatro partidos sin perder en otra de tres encuentros sin ganar. Es lo que pasa cuando tienes un equipo cogido con alfileres como el de Agné y juegas en una categoría tan igualada como la Segunda División. Los partidos se deciden por detalles y, a continuación, expongo unos pocos que me llaman poderosamente la atención.
Que el Tenerife no haya ganado nunca cuando lo dirige Arias López es significativo. Sobre todo porque ya lo ha hecho ocho veces y, con ese número, no puede ser aleatorio lo sucedido ayer en Zaragoza. Si a eso le sumas su gusto por pitarle hasta seis penaltis en contra, pues ya es para que la palabra sospecha brille por sí misma. Al que se ruborice por el adjetivo puede llamarlo casualidad, pero para mí es igual que el hecho de que al Tenerife le haya tocado jugar las últimas seis eliminatorias de Copa del Rey fuera de casa. Sencillamente, no me lo trago.
También me cuesta digerir las explicaciones del entrenador en sala de prensa. Si alguien controló el partido fue el Zaragoza y si alguien llegó con peligro fueron los locales. No discuto que solo marcaron desde los 11 metros, pero ahí están las llegadas con peligro del Tenerife en el partido. Un libre directo de Suso, que se va junto a la cruceta en el primer acto, y un cabezazo de Carlos Ruiz en el área pequeña tras una falta, que se fue fuera también.
Sinceramente me parece un pobre bagaje para intentar sumar algo positivo fuera de casa. Y más porque dudo que milagros como el del Almería vuelvan a repetirse otra vez este curso. No niego que el Tenerife hizo un fútbol aseado a ratos ante un aspirante a todo como el Zaragoza, pero me pregunto también qué hubiese pasado si los cambios llegan antes y, sobre todo, si a Pedro Martín lo ponen a jugar un día cerca del área de una vez por todas. El hecho de que todo el peligro de los isleños llegase a balón parado es sintomático. Ni las bandas fueron profundas, ni hubo pases entre líneas para que llegase un balón en condiciones a los que tienen que rematarlo. Y ahí es donde se echa en falta a alguien con clarividencia para dar el último pase, así que se me ocurre que si Cristo González y, sobre todo, Tommy Martínez hubiesen estado antes en el terreno de juego, quizá el resultado hubiese sido otro, independientemente de los desaciertos del colegiado. Sobre todo porque ambos dieron muestras de asociarse muy bien.
Dejando la utopía de mis gustos a un lado, sobre todo porque Agné ya ha dado sobradas muestras de preferir el músculo al talento al hacer las alineaciones, voy a centrarme en algo tangible. Le doy la razón al míster en que Alberto es de lo mejor que tiene este Tenerife y me pregunto por segunda vez desde agosto, en el que escribí que podía darse un caso similar al de Bruno y el Betis, a qué demonios están esperando para renovarlo. Supongo que el director deportivo no habrá caído en la cuenta de que cada partido que juegue será más caro hacerlo.
Hoy termino con tristeza. Me pregunto qué daño le habrá hecho el Tenerife a Ángel Rodríguez para que celebrase su gol de penalti en el descuento con una vehemencia dolorosa para los aficionados que lo vieron debutar y crecer en la isla. Supongo que se habrá vuelto amnésico y ahora piensa que salió de la cantera del Elche. Eso o que tiene la misma inteligencia que otro que un día festejó a lo grande un tanto que le marcó al equipo de su tierra y ahora sueña con presidirlo. Así que, Ángel, ahórrate tus palabras la próxima vez. Ya no me vale que cada verano digas que ésta es tu casa. No te quiero en el Heliodoro ni de recogepelotas. Por ingrato