Redacción Deporpress | No hay manera de que el Tenerife inicie una temporada ganando e ilusionando. Al menos desde su regreso a Segunda División A. Estas cuatro temporadas se ha repetido el guión, como si de una losa imposible de quitarse de encima se tratara. Lo sufrió aquella primera versión del conjunto que dirigía Álvaro Cervera en el curso 13-14. Empezó perdiendo en Alcorcón (1-0) y, curiosamente, no pasó del empate en casa (0-0) ante un Hércules que jugó muchos minutos con un hombre menos. La similitud con la temporada actual es tal que también perdió, de nuevo fuera de casa, en la jornada 3 ante el Mirandés (2-0).
En la 14-15, con el ambiente turbio ya conocido, empezó cediendo en Ponferrada (1-0) y repitió empate en casa ante el Albacete (1-1). A continuación, cayó en Girona (2-0). El asunto no se arregló la pasada campaña, en la que se estrenó con una goleada de escándalo en su visita al Numancia (6-3). La semana siguiente perdió en el Heliodoro ante el Nástic (1-2), aunque sacó un punto de su visita al Huesca en la tercera fecha del Campeonato (1-1).
Este año, como el agua encauzada por una tubería, se ha seguido el mismo curso: un punto de nueve posibles después de ceder en Córdoba (1-0), igualar ante el Sevilla Atlético (1-1) y perder este sábado en Elche (3-1). En todos esos casos, el Tenerife añadió la eliminación copera a su desastroso currículum.
La primera victoria también tardó en llegar. En la 13-14 debió esperar hasta el séptimo partido para ganar al Real Madrid Castilla (1-0). En la 14-15 ganó ya en la cuarta al Mirandés (1-0) y el pasado curso en la quinta al Llagostera (0-2). Ni Cervera ni Raúl Agné ni José Luis Martí han encontrado la fórmula para evitar un inicio así de accidentado.