Por @rondoscutillas
El Tenerife acaba el primer cuatrimestre del curso con los mismos puntos que tenía la temporada pasada a estas alturas (22), pero con una sensación diametralmente opuesta a la del ejercicio 2016/17. Que los blanquiazules se metiesen en los playoffs a finales de noviembre de 2016 era un sueño para todos, con el ya famoso ‘quiero vivirlo’. Ahora, 12 meses más tarde, acabar entre el tercero y el sexto de la tabla clasificatoria parece prácticamente una obligación, que a algunos incluso les sabrá a poco, y un reto al que no se sabe cómo llegar aunque el equipo se deje el alma en la mayoría de las jornadas que se han disputado.
Aitor Sanz reconocía esta semana que la situación actual obedece a que el Tenerife está acusando la presión de no haberle dado continuidad a su buen arranque de campeonato. Tras el pleno de agosto (6 puntos sobre 6 posibles), llegaron las derrotas fuera de casa de septiembre, donde el equipo solo sumó 4 puntos de 12. Octubre (7 puntos de 18) y noviembre (5 sobre 12) solo han contribuido a acrecentar las dudas. Así que, con todo, el saldo del último trimestre ha sido decepcionante porque el equipo ni siquiera ha sido capaz de sumar la mitad de los créditos en disputa en al menos uno de esos meses.
Para que se produzca el ansiado despegue, bien haría el Tenerife en corregir cuanto antes dos peligrosas excepciones que van camino de convertirse en una norma demasiado pesada. La primera es que el grupo que dirige José Luis Martí solo es capaz de ganar los partidos en los que deja su portería a cero (con la excepción de la visita del Osasuna al Heliodoro). Si Dani Hernández encaja, el grupo empata o pierde. Es algo, por ahora, absolutamente matemático.
La otra fórmula maldita de esta temporada es la de jugar como visitante. A excepción de la primera salida, ante el Barcelona B, y de las eliminatorias coperas ante Valladolid y Rayo, los resultados de los blanquiazules fuera de la isla son pésimos. Y, en ningún caso, los de un equipo que aspira a pelear de verdad por estar entre los mejores de la categoría.
A todo eso hay que sumarle también que el Tenerife ha sido incapaz de ganarle a cualquiera de los diez equipos que le preceden ahora en la clasificación. Y ya se ha medido con todos ellos en lo que va de primera vuelta, salvo a Cádiz y Sporting de Gijón. Mejor, por tanto, no pensar en lo que sucedería en caso de que, a igualdad de puntos, el empate se dilucidase por los duelos particulares ante un rival directo.
El último mes del año debe servir para solventar todos estos problemas, especialmente porque nadie — ni presidente, ni dirección deportiva, ni técnico, ni plantilla—se han desmarcado un ápice de la exigencia con la que encararon los objetivos trazados el último verano. El ascenso directo se ha puesto ya a 7 puntos de distancia, una diferencia peligrosamente considerable y que el Tenerife debe intentar reducir como sea antes de que el 2017 futbolístico se despida.
Para empezar, los blanquiazules se pasarán lo que queda de semana lejos de la isla. Primero para encarar la vuelta de la eliminatoria de Copa ante el Espanyol, donde hay mucho que ganar y poco que perder. Y, este domingo, tendrán que medir sus fuerzas ante un Almería que supone la primera pared de este desafío de diciembre que, vistos los precedentes del Tenerife como visitante, se antoja tan decisivo como incómodo.