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Inadaptados (19-1-15)

Por @rondocutillas

Se acabó la primera vuelta. Estamos en el ecuador del campeonato más largo del mundo y, si ahora fuese junio, el CD Tenerife se habría salvado. Sin embargo, si La Liga acabase hoy, la temporada tendría un sabor amargo y nos quedaríamos con la sensación de que se pudo hacer mucho más, que pasaron demasiadas cosas nocivas en el entorno y que lo único salvable fue ganarle el derbi a la UD Las Palmas.

Pero aún es enero y, no sé si para bien o para mal, aún queda un tramo idéntico en cuanto a extensión para hacer un balance con todas las de la ley. Si tuviese que reflejar un factor que resumiese estos cinco meses, lo haría con el vocablo que ilustra el título. Este Tenerife fue diseñado para otra cosa, pero la inadaptación de determinados elementos que tenían que haber dado el salto de calidad para mejorar las prestaciones del curso pasado se ha vuelto un lastre demasiado pesado para avanzar en la dirección que a todos nos hubiese gustado.

Jacobo fue un inadaptado desde que pisó la isla. Tan malo debajo de los palos como imprudente ante los micrófonos, él fue el prólogo de una sangría que le costó demasiados puntos al Tenerife. El ‘Ruso’ García fue otro ejemplo de locuacidad negativa. Si cuestionas a tu superior y los métodos que emplea en público, lo lógico es que acabes  despedido. Aquí y en cualquier empresa, sea deportiva o no.

Y luego está la inadaptación del que nunca quiso venir y al que se recibió como el abanderado del proyecto. Uli Dávila no ha sido nunca lo que se esperaba de él. Quería jugar en un Primera a toda costa y ‘recompensó’ a su agente prescindiendo de sus servicios por traerlo al Tenerife. Es un síntoma bastante claro de que vino a disgusto y de que, a veces, es mejor no insistir si no hay receptividad en el futbolista. Si a eso le añades que Cervera valora la intensidad en los entrenamientos como la base sobre la que edificar la titularidad, te encuentras la situación actual. Un jugador que presta más atención a cómo se alimentan las palomas en los entrenamientos que a lo que pasa sobre el césped. Y, así, no se puede. Lo mejor para todos es que salga y que, el que venga a sustituirle, lo haga con ganas de recompensar, con esfuerzo y dedicación diaria, los aplausos que la afición blanquiazul regaló de antemano al héroe del frustrado ascenso de Las Palmas.

Del partido de ayer me quedo con pocas cosas. En lo malo, que el Tenerife suspende, y van ya varias semanas, en la elaboración del fútbol que plantea en el Heliodoro. Con eso es complicado ganar, salvo que haya un rebote, una acción a balón parado o un penalti. Y ayer no los hubo. En lo bueno, que el bloque supo competir contra un Numancia que lleva invicto desde octubre. También con la sensación de seguridad que transmitió el guardameta Dani Hernández en su estreno y con el crecimiento de un canterano como Jorge Sáenz, que ha entrado para sustituir a otros centrales sancionados sin que se note que sólo ha sido titular dos veces con la primera plantilla.

El cierre del mercado invernal está cada día más cerca y espero que la Comisión Deportiva acierte con las altas y que, sobre todo, no les tiemble la mano en cuanto a las bajas si existen elementos venenosos para el grupo porque ya tuvimos bastante con los jugadores que protagonizaron el último descenso. No hay que olvidar que a veces la calidad no garantiza la permanencia. En su día, el Tenerife bajó a Segunda B con Sergio Aragoneses, el portero que más partidos ha defendido esta camiseta, o con Nino, el segundo máximo goleador de la historia del club. Pero también sucumbió porque en ese grupo había otros inadaptados como Julio Álvarez, uno de los jugadores que todo el mundo coloca como de los más determinantes de la categoría; o con Natalio, que venía precedido de buenos registros goleadores hasta que llegó aquí.

La calidad no lo es todo y sirve de poco cuando no se acompaña de la actitud correcta. Esa experiencia debería servir como aviso a navegantes y para el que no esté por la labor de remar a favor de obra abandone la nave lo antes posible. Por eso, podría darse el caso de que la noria de las despedidas no se detenga con la previsible de Dávila o incluso la de Maxi. Si en el vestuario del Tenerife quedan aún inadaptados que permanecen anónimos para el aficionado y la prensa, si quedan jugadores nocivos para el club, si aún hay especialistas en sembrar discordias o gente que posee ese gen de los que conquistaron estas tierras hace ya más de cinco siglos y que tan poco nos gusta por aquí, espero que el club actúe con contundencia. Si es así, espero que ese elemento, más pronto que tarde, haga compañía al resto de bajas y se marche de una isla que le gusta poco y en la que no aportará nada bueno con su talante actual. Así que, por lo que más quieran, no contraten a más inadaptados.