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Ilusiones y frustraciones

por @juanjo_ramos

Tiene razón Rubén Baraja. Es necesario realizar un ejercicio de memoria, no olvidar dónde estábamos en diciembre de 2019, justo antes del parón navideño. Aquel Tenerife que perdió en Riazor, encajando en el minuto 95 el 2-1 definitivo ante un Deportivo que no ganaba desde agosto, apestaba a Segunda B.

Pensábamos por entonces que el cambio de entrenador no había salido bien. Dudábamos de la valía del 80 por ciento de la plantilla y nos aprestábamos a vivir una inútil jornada de #gradasvacías con la que se pretendía no se sabe muy bien qué contra el máximo accionista.

Atornillado Miguel Concepción al poder, tomando decisiones como la salida de López Garai y la llegada del actual técnico, con su director deportivo en falsa rebeldía y el entorno más ruidoso en contra. Así estábamos. Los ingredientes eran los precisos para el desastre.

Baraja cerró la boca ante las críticas, las más interesadas que calificaron su fútbol como del Pleistoceno o las más lógicas. Adaptó el equipo a su credo. Menos balón, más solidez, transiciones ofensivas, atacar los espacios y compromiso, mucho compromiso. Respondió la plantilla para completar un enero maravilloso, Copa incluida, que reactivó una máquina blanquiazul a la que no ha frenado ni el coronavirus.

El Tenerife de hoy sigue teniendo una plantilla desequilibrada, con un central jugando de lateral izquierdo pese a tener (hasta el día 30) tres especialistas en nómina, con un lateral de extremo derecho, sin competencia efectiva para el dúo Aitor/Milla y con uno de sus dos nueves con un gol en toda la temporada.

Pero todas esas carencias las ha escondido Baraja. Él y la predisposición de un grupo sano y honesto. Ha sido un esfuerzo considerable para salir de una situación dramática. Por eso, llegar a los 50 puntos no puede ser considerado un premio menor.

¿Playoff? Pues ojalá. Estoy seguro de que lo van a intentar. Nadie más que estos futbolistas quiere lograrlo. Necesitan casi un pleno de victorias en una liga donde proliferan los empates y los cambios de signo quinielístico en los minutos finales.

Debemos acompañarles en el camino. Sin exigencias, sin frustraciones en caso de no lograr el nuevo objetivo. Jugar el playoff es una ilusión, una posibilidad real, pero no puede ser en ningún caso una obligación. No lo era en agosto porque el Tenerife no tenía uno de los seis topes salariales más altos y no puede serlo ahora.

Acabar la temporada enfurruñados porque el equipo pudo y no consiguió ser sexto equivale a iniciar la próxima con un grado de excitación, crítica y prisas que no convienen. Y más en esta tierra, con un sector muy tóxico del entorno que ahora calla a la espera de tiempos peores.

Seamos agradecidos. Ilusión sí, frustración no.