Por Óscar Herrera (@MaverickGold)
¿Este año nos podremos ilusionar de verdad? Esta es la pregunta que se hace el tinerfeñismo cuando está a punto de cambiar de rojo a verde el semáforo de La Liga 1|2|3| 2018/19.
Hay una mezcla de ferviente deseo y pánico sobre la trayectoria de los de Etxeberria en la temporada que arranca en Tarragona. Lo cierto es que, sobre el papel, hay motivos para pensar que hay materia prima de calidad para ser un bloque competitivo y ganador.
El problema es que eso mismo piensa el 80 % del resto de rivales en una categoría tan selvática como esta, donde abunda una fauna que hace de la Segunda División una Liga tan apasionante como peligrosa. Creo de verdad que el CD Tenerife puede estar en un peldaño superior a lo que vimos la temporada pasada, y eso ya sería suficiente como para aspirar a ser aspirante.
Sin ruido, que tanto daño hizo hace un año, pero sin perder un ápice de la ambición que debe acompañar siempre a este club. Posiblemente no tengamos la mejor plantilla de la categoría, ni al entrenador más experimentado, ni el presupuesto más elevado, ni el respaldo más numeroso en la grada; pero hay algo en lo que sí estamos en el podio de la Liga, como es la capacidad de reinventarnos año tras año y volver a activar el ilusiómetro desde el minuto uno.
Espero que este se mantenga al alza todo el curso para no estar en lo más alto en otra clasificación en la que somos especialistas: la del canibalismo y la antropofagia.