Por @rondoscutillas
El CD Tenerife no faltó a su costumbre de abrir el curso con derrota y sumó su cuarta campaña consecutiva con cero puntos en la jornada inaugural. Compareció en Córdoba con un equipo de circunstancias por las bajas en la parcela ofensiva y además, fiel a sus defectos habituales, dio facilidades al rival en la jugada que generó el único tanto del encuentro. Esta, cómo no, llegó a balón parado. Alfaro, cómo no un ex, aprovechó las vacaciones de Aitor Sanz en la marca para cazar en el área pequeña el desafortunado rebote de un intento de despeje isleño.
Nueva temporada y viejos errores. Da la sensación de que nada cambia por el Heliodoro agosto tras agosto y que al primer contratiempo, esta vez en forma de cita internacional de Lozano y de lesión de Nano, la confección de la plantilla revela sus desequilibrios y nos desesperamos viendo cómo pasan los días sin que el director deportivo sea capaz de encontrar una pieza decisiva que cambie el panorama. O sea, que fiche un delantero de los que dan puntos en el área y ganan partidos. No es la primera vez que ocurre y me temo que tampoco será la última.
Al resultado negativo del pasado sábado hay que sumar la escasa aportación de los recién llegados, de los que únicamente Iñaki rozó el aprobado. Tampoco ayudan demasiado las sensaciones del resto de sus compañeros, empeñados en el Nuevo Arcángel en mostrarse como un equipo sin ideas, con muchas dificultades para combinar de forma correcta cuando tiene el balón y desesperadamente inofensivo en las contadas ocasiones en las que logra asomarse al área rival. De hecho, las estadísticas de la competición señalan al Tenerife como el que menos disparó a puerta en la primera fecha liguera.
Martí apostó por otorgar la responsabilidad del ataque a Omar y Suso. Y, como si del baloncesto se tratase, su intento de adaptar dos aleros al puesto de pívot únicamente dio facilidades al Córdoba. Ambos fueron presas demasiado fáciles para los centrales andaluces, que nunca se vieron exigidos y tuvieron un partido de lo más plácido. Me preocupa la insistencia del técnico balear en intentar colocar al extremo de Taco por dentro porque, además de que la finalización no es su fuerte, tampoco constituye ninguna ayuda a la hora de presionar la salida de balón desde la zaga del adversario.
En la sala de máquinas tampoco hay variaciones. La pareja Vitolo-Aitor Sanz sigue siendo la elegida para marcar el rumbo del equipo. El Tenerife sigue jugando a lo mismo. Conduce más que combina para desesperación de una mayoría creciente. Y el dúo de mediocentros del último trienio se ha impuesto en las preferencias del entrenador a lo ofertado por Marc Crosas durante la pretemporada.
El choque de Córdoba pudo cambiar de rumbo con la entrada de Cristo González. No es que el de Añaza sea la solución a todos los males, pero sí que deja la sensación, en las contadísimas veces en las que logra relacionarse con la pelota, de que puede pasar algo diferente. Imprevisible, en ocasiones hasta para sus propios compañeros, pudo aportar más si le hubiesen buscado al espacio que jugándole el balón al pie y de espaldas a la portería.
Quizá la única buena noticia del partido fue Jorge Sáenz. El central firmó uno de sus mejores partidos desde que llegó al primer equipo como invitación al optimismo. Si es capaz de entrenar a diario como juega, quizá estemos ante la temporada de su eclosión definitiva. El Tenerife necesitó sacar ocho saques de esquina para poder rematar uno (otra cosa que tampoco cambia) y, en el testarazo del canterano, pudo estar el tanto del empate.
Para completar el particular retorno del Tenerife a sus pesadillas pretéritas tenemos también el rescate, en forma de perjuicio, de los errores arbitrales. Prieto Iglesias inauguró la cuenta del presente curso al pitar pena máxima en un agarrón de camiseta del cordobés Luso a Iñaki cuando ambos forcejeaban. Tan increíble como indignante. Alfaro erró el penalti pero, si esta va a ser otra vez la tónica habitual, nos espera un camino tortuoso y de mucho desgaste.
Espero que en esta semana alguien propicie dentro del vestuario la necesaria dosis de autocrítica y propósito de enmienda, especialmente para que no se repitan los habituales despistes y dimisiones cuando hay que defender una jugada a balón parado. Que Martí encuentre la tecla correcta a la hora de hacer un once inicial que aporte cosas. Que el ‘Choco’ Lozano ejerza de referente ante el Sevilla B tras su vuelta de los Juegos de Río. Y, sobre todo, que desaparezca esta maldita sensación de que, pese a haber iniciado una temporada distinta, todo sigue igual.