Por @Chusdeleon
Esta semana nos hemos encontrado con la tristísima noticia de la desaparición de Damián Fleitas, nuestro querido “Barraquito”. Un tinerfeñista de los pies a la cabeza de esos que te dejan alucinado por su férrea pasión blanquiazul demostrada semanalmente (desde hace más de 50 años) en una izada de bandera mítica desde la grada de general que ya forma parte de los anales de nuestra historia.
Hasta en los peores momentos de nuestra institución estuvo ahí dándolo todo Barraquito. En esos momentos cuando se necesita de ejemplos de referencia y de demostraciones de auténtico tinerfeñismo, enseñó poseer un tesoro sentimental que ejerció lanzando un mensaje de saber estar en las duras y en las maduras con su equipo. Un mensaje que en los tiempos del fútbol de hoy en día basado en audiencias y shares que compatibilizan con los horarios chinos es un tesoro difícil de encontrar. Su estampa con esa mastodóntica bandera frente a un graderío vacío de desilusión en etapas como el descenso a 2ºb han sido muy importantes para enviar un mensaje a los nuestros como estandarte de lo que reza nuestro himno, “llenar de esperanza nuestro corazón”. Al tete nunca se le abandona y Barraquito lo tenía claro.
Damián forma parte de una lista entrañable histórica de iconos de lo blanquiazul que con el paso de los años va menguando en pro de un Heliodoro estandarizado, homogeneizado y aburrido. Con su bandera , su camiseta de Chano y sus colgantes, mantenía ese espíritu eniquecedor y diferente que aportan los seres especiales del tinerfeñismo que con el paso de los años van quedando atrás grabados a fuego en nuestro imaginario colectivo. Una preciosa lista con gente maravillosa y tremendamente necesaria como Paco Herraiz (el cura del Tenerife), Paco Zuppo, Paco Alpáñez, Chucho Dorta, María (de la que hace años que no oigo nada y desconozco si sigue yendo al Heliodoro) y muchos que se me quedarán en el camino.
Descansa en paz compañero, desde aquí te añoraremos con la tranquilidad de saber que desde el cielo, mas blanquiazul que nunca, por encima del Heliodoro cada partido habrá una enorme bandera ondeando fuertemente para llevarnos hasta la victoria.