Por @juanjo_ramos
No entiendo la convocatoria de huelga de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) y la Asociación de Futbolistas Españoles (AFE). Ni el momento, en la jornada 37 de Primera y 38 de Segunda cuando el calendario ya no ofrece alternativas, ni el motivo. Porque no estar de acuerdo con un Real Decreto puede sonar hasta lógico, pero la postura inflexible de las partes no puede conducir a esto.
Que Javier Tebas, presidente de la Liga de Fútbol Profesional (LFP), y su homólogo en la RFEF Ángel María Villar son enemigos se sabe. Que hayan llevado sus diferencias hasta este punto resulta infantil. Y no tengan dudas. Ahí está la clave de este conflicto. La LFP ha confiado en el Real Decreto que regula la venta centralizada de los derechos de TV del fútbol profesional como la panacea para garantizar el futuro del negocio. En su reparto ganan todos. Principalmente Real Madrid y Barcelona. Pero como el resto incrementa sus ingresos han vuelto a agachar la cabeza.
Da igual que la Segunda División ingrese el doble en Alemania o Francia. Todos los clubes han tragado. Por eso están en contra de la huelga. A su favor el argumento de la lógica: no hay margen para finalizar la competición como es debido. El daño sería casi irreparable. Las ligas de Primera y Segunda podrían quedar seriamente adulteradas si se modifica, comprime o retrasa el calendario previsto.
Ese argumento va en contra de la AFE, que pide dinero para el fútbol modesto (Segunda B) y se queja por no haber tenido presencia en la mesa de negociación del Real Decreto, que debe elaborar el Gobierno y atañe a los clubes (poseedores de los derechos), pero no a sus empleados. No le falta razón, pero más como detalle que como algo obligado. Porque por mucho que los futbolistas sean los actores principales del tinglado, nada pintaban en el asunto cuando no son dueños de los derechos. Tampoco se entiende la queja si nos atenemos a sus ingresos que, en Primera y Segunda, están muy por encima de la media de aquellos que, directa o indirectamente, sostienen el fútbol: los aficionados. Un profesional de la categoría de plata percibe al menos 70.000 euros al año. Que le explique a un mileurista sus quejas. Igual lo entiende.
Queda la Federación. Enemistada con el Gobierno para beneficio de un Villar eternizado en el cargo, que renunció a los dineros públicos para escapar del control estatal de sus cuentas y que prefiere arriesgarse a una sanción FIFA en su pulso con Cardenal y Tebas. Su queja va por otro lado, puesto que sale muy bien parada del Real Decreto. Pero si pasa la oportunidad, no solo se le saluda sino que se aprovecha.
Volvamos al principio. ¿Entienden por qué igual el 16-17 de mayo no hay jornada de Liga? Pues yo tampoco. Así está el fútbol español. Menos orden y lógica, hay de todo.