Por @rondoscutillas
El Tenerife colisionó en Mallorca. Encajó una sonrojante goleada ante un recién ascendido (4-1) y sepultó, en apenas hora y media, toda la progresión que había descrito desde que José Luis Oltra aterrizó en el banquillo del Heliodoro. No hubo rastro de los blanquiazules. Fueron superados por la salida en tromba de los baleares y, únicamente durante los primeros 10 minutos que se jugaron tras el descanso, fueron capaces de construir algo medianamente potable.
Habrá que esperar para comprobar la magnitud del siniestro y saber si el vehículo se para o continúa dando vueltas de campana ladera abajo algunas jornadas más. La situación es preocupante. Especialmente porque este grupo es reincidente en este tipo de partidos. A Martí, Etxeberria y Oltra los une una sola cosa. Y, por supuesto, no es su estilo futbolístico o su amor por estos colores. Todos ellos han coincidido con el mismo diagnóstico en la sala de Prensa. El equipo, en determinadas situaciones, es incapaz de competir.
El ridículo de Mallorca traerá consecuencias. Es lo lógico y lo deseable. Hay determinados errores, con la pelota y de actitud, que son absolutamente imperdonables. Especialmente los segundos. El Tenerife no puede ser tan vulnerable. No debe volver a ofrecer una cara tan esperpéntica como la del último partido. Ni fuera. Ni en casa. Es, sencillamente, inaceptable.
Dicho esto, entierro las críticas para sacar al escaparate mis dudas sobre cómo revertir el estado actual de las cosas. Está claro, a estas alturas, que el Tenerife no tiene el mejor entorno posible. Al menos cuando el viento no sopla a favor. Hay demasiadas cuentas pendientes y demasiados intereses por ver caer a este o a aquel.
Respeto profundamente todas las opiniones, especialmente las que se argumentan y se amparan en las críticas que no recurren al desprecio personal. Pero considero que el Lugo no va a perder el domingo si cesan a Alfonso Serrano. Si Miguel Concepción deja de presidir la entidad el mes que viene. O si el mandatario palmero decide prescindir hoy mismo de cualquiera de los que realizan su labor en las oficinas del club, con mayor o menor acierto, y a los que los francotiradores de trinchera tienen en su punto de mira desde hace años.
Si me preguntan qué espero del partido del domingo les diré que, en la parte que nos toca, me gustaría comprobar una lección de madurez por parte de la afición. Un apoyo incondicional, sea cual sea el resultado, desde que el árbitro pite el principio y hasta que dictamine el final del choque.
La fila de los que buscan venganza y portan la antorcha es cada vez más larga. Existe un enfado monumental y ganas de expresar en público el colosal cabreo de la afición por el arranque de temporada. Sin embargo, San Juan es en junio y no en octubre. La Segunda es muy larga y aún queda un mundo de partidos y puntos por delante. Si todos somos capaces de empujar en la misma dirección, salir de donde estamos ahora será más llevadero. Por eso, lo mejor que se puede hacer, por ahora, es animar, encender una vela y dejarnos de hogueras.