Luis Padilla| Unas semifinales de la Copa de la UEFA en el Heliodoro. Han pasado 23 años y me acuerdo como si fuera ayer. La culpa es de esa memoria que tengo como castigo y me impide olvidarme de las cosas…y de que con la edad también visito mucho Youtube y la hemeroteca. Aunque para rememorar aquella cita no son necesarios atajos. Y las sensaciones que tengo son encontradas: orgullo y pena. En realidad, mucho orgullo y mucha pena.
Mucho orgullo, porque tras una competición plagada de gestas como las culminadas ante Lazio y Bröndby, el Tenerife jugó aquella noche contra el Schalke 04 un partido superlativo y sólo el árbitro [David Elleray, un hijo de la Gran Bretaña que ya estuvo a punto de eliminarnos en Auxerre] evitó que el grupo que dirigía Heynckes dejara sentenciada la eliminatoria. Y que aquellos héroes tuvieran el premio que se merecieron.
Y mucha pena, porque el Tenerife era mejor que el Schalke 04 y dos semanas después desperdició en Alemania una gran oportunidad –me temo que irrepetible– de ganar un torneo continental. Muchos apuntan a Heynckes como culpable, pero yo ya advertí en el Diario de Avisos que ese curso no había visto perder jamás al Tenerife y me postulé –con más cara que espalda y gastos pagados, obviamente– para acudir a Gelsenkirchen como enviado especial.
No me hicieron caso. Y así nos fue.
A continuación, reproducimos íntegro el artículo original de Luis Padilla, publicado en el Diario de Avisos del 9 de abril de 1997 dentro de la sección ‘La trastienda’
«Una falta a César Gómez, un error arbitral, una inoportuna ‘calentura’ de Vivar Dorado, un error arbitral mucho mayor…y media hora de larga angustia. De ese modo tan ‘sencillo’ el CD Tenerife convirtió en un drama un partido que controlaba con relativa tranquilidad. Eso sí, para ello contó con la inestimable colaboración de un hijo de la Gran Brataña que, como hace tres años y medio en Auxerre, hizo que el colectivo blanquiazul acabase el partido con solo nueve jugadores y sin portero (o ayer con un portero suplente). Pero, al igual que hace tres años y medio en Auxerre, no impidió que el Tenerife lograse una victoria agónica. Y eso a pesar de que, como entonces, descontó media docena de minutos.
El Tenerife tiene un destino en Europa: hacer sufrir a sus aficionados. Pero también hacer que esos mismos seguidores se sientan orgullosos de su equipo. Así ha ocurrido ante Auxerre, Olympiakos, Juventus, Maccabi, Lazio, Feyenoord, Brondby y Schalke 04. Cada triunfo estuvo rodeado de épica. Y la única eliminación se convirtió en gesta, con Del Solar celebrando el gol de la victoria, Conte «ajustando cuentas» con los italianos y los jugadores regalando sus camisetas a los aficionados de General. El partido de vuelta no será una excepción. Faltan dos semanas para el encuentro, pero esa ‘noche alemana’ ya está llena de angustia, de sufrimiento y de gestos para guardar en la memoria colectiva.
El Tenerife acudirá a la cita sin su portero titular, sin su mejor goleador y sin un mediocampista ‘insustituible’. Además, se encontrará con un ambiente hostil y un rival que recuperará a sus mejores efectivos y que, previsiblemente, saldrá con la intención de arrollar al grupo dirigido por Jupp Heynckes. La lógica apuesta por una ‘rendición pactada’. Y más si alguien recuerda que el árbitro será Sandor Puhl, un sujeto de triste recuerdo para el Tenerife y para todo el fútbol español. Por eso, porque todo está en contra, me temo que tendré que vivir hora y media interminable (o más) delante del televisor. Y de rabia, porque el colectivo blanquiazul demostró ayer que es mejor que el Schalke y que merece estar en la final.
El partido de anoche solo tuvo una dirección mientras el Tenerife jugó con once. El balón fue siempre hacia la portería de Lehmann y sólo el escaso acierto rematador (vuelve Pizzi, vuelve) de los locales impidió que estos obtuvieran una ventaja mayor. Una falta que Felipe sacó por sorpresa, un disparo de Vivar Dorado que se marchó fuera, un mal entendimiento entre Pinilla y Juanele cuando ambos se iban sin oposición hacia el gol, un regate de más de Chano cuando el disparo parecía la mejor opción, un balón aéreo que Chano no concreta cuando estaba solo ante el portero rival, un disparo lleno de intención de Felipe que se marchó junto al poste ya en el segundo tiempo…
La relación de ocasiones de gol del Tenerife era extensa. Hasta que llegaron, por este orden, la falta no señalada a Chano, la ‘calentura’ de Vivar Dorado y el hijo de la Gran Bretaña. Sólo entonces apareció la angustia. Y con ella todo el sabor de las competiciones europeas: el larguero salvador, un par de intervenciones prodigiosas de Ojeda, el penalti adverso, el estrepitoso error alemán, la seguridad de Andersson, el infinito talento de Juanele, el oficio de Felipe para sacar petróleo de cualquier balón, el 4-4-0 que usó Heynckes como disposición táctica de emergencia, la voluntad de Jokanovic pese a su lesión, la capacidad de sufrimiento de un colectivo de jugadores, el orgullo de una magnífica afición…
P.D. Un servidor se ha desplazado esta temporada al ‘Nou Camp’, al ‘Bernabéu’ y media docena de campos para ver al Tenerife y también ha acudido al ‘Heliodoro’ cuando ha podido. Y aún no ha contemplado una derrota del Tenerife. Lo digo por si algún fanático –y supersticioso, obviamente– decide ‘estirarse’ un poco y pagarme un viaje a Alemania. Por sugerirlo, que no quede.