Skip to main content Scroll Top

Heliodoro en vena, por favor

Por @beatrizpalmero

Los inicios, al Tenerife, nunca se le han dado particularmente bien. No sé qué sucede, pero, aún debutando con victoria siempre hay algo que se tuerce y al final nos plantamos en noviembre otra vez pensando: “Otro año mirando para abajo y luchando por los 50 puntos”.  Es así. A este equipo le cuesta ilusionarnos. Incluso el año que rozamos la primera división, con Martí en el banquillo, nos plantamos en la jornada 11 en puestos de descenso. La liga es larga, tan larga como acabarla cuarta después de un inicio como ese. Pero las sensaciones son inmediatas, y nos seducen al momento, nos cuesta mucho hacer ejercicio de paciencia o de sensatez y pensar a largo plazo.

Y si encima le sumamos las circunstancias de este año marcado por una el dichoso coronavirus… ilusionarse parece casi una quimera. Falta esa rutina dominical de acercarse al Heliodoro, de pensar en qué camiseta blanquiazul te vistes para ver a tu equipo, de saludar a los compañeros de fatiga en la grada, de hacerte con una bolsa de golosinas y una botella de agua para refrescar la garganta después de forzar las cuerdas vocales para gritar gol o para desahogarme con la equivocación de turno del árbitro. Falta esa sensación inexplicable, esas ganas de que empiece el partido cuando los tuyos saltan al césped al sonar el himno. Faltan las sensaciones que se viven desde la grada, ver cómo se mueve el nuevo entrenador, conocer sus manías, ser testigo de cuándo se enfada o de cómo mantiene la tranquilidad de forma inexplicable junto a la banda. Falta la emoción de ver salir del banquillo a calentar a ese jugador que te encanta y que no sabes por qué no es titular, falta la incomprensión de todo aficionado al ver cambios que no te encajan, que tú no harías o que simplemente parecen ilógicos; falta la comprensión repentina de lo que el míster ha querido hacer y la admiración cuando entiendes la lógica que antes no eras capaz de ver. Faltan los nervios, la emoción de ver cómo tu equipo pelea, incluso cuando va detrás en el marcador, y empuja para cambiar las cosas y sentir de forma natural esas ganas de empujar tú también, de llevar en volandas a los tuyos a la victoria porque, joder, se lo están mereciendo, qué injusto es el fútbol y qué bonito al mismo tiempo.

Faltan tantas cosas imposibles de vivir en el sofá de tu casa… Si, además, faltan las victorias, el inicio parece, más que nunca, la interminable cuesta de enero. Necesito, como café por la mañana, sentir el Heliodoro, porque los partidos no se viven igual. A tu equipo, no lo vives igual.