Por @pabloalbelo
Venía este viernes en el barco desde Santa Cruz hasta Agaete conversando con mis compañeros sobre el partido de este domingo. Cada uno exponía los pros y contras del duelo ante la UD Las Palmas y de cómo afrontaría cada equipo el choque que más pasiones levanta en nuestro archipiélago. Después de un largo discurrir, yo al menos llegué a una sensación que no me gustó nada, pero creo que es la que más se ajusta a la realidad. Al menos, a mi forma de pensar. Vamos a vivir el derbi más descafeinado. Ha habido derbis más tristes, como el del año del descenso a Segunda División B, un año que es mejor no pensar. Hay derbis con sensaciones amargas, como el de la pasada temporada, cuando tuvimos que contener la rabia al ver a Deivid despreciando a un blanquiazul y compañero de profesión en su cara después de que Vicente Gómez adelantara a los amarillos casi en el tiempo extra.
Pero, por supuesto, también ha habido derbis con muchas alegrías. Inolvidable será para la mayoría de nosotros el gol de Alfaro, en una temporada que acabó con la mayor alegría de los últimos años blanquiazules. Casi igual de memorable que el gol de Marioni que mandó a los vecinos a Segunda División. Porque no queríamos irnos solos al pozo. Sin embargo, en ninguno de esos partidos he sentido lo que este año. En los derbis con algo importante en juego, la expectación era máxima y las ganas de que llegara el partido, amplias. En el del año del descenso, lo único que queríamos los que estuvimos allí era que aquella pesadilla terminase para que los nuestros no recibieran ni una humillación más. Pero, este domingo no tengo ni esa sensación.
Y es que, la situación de ambos equipos hace que este derbi sea muy especial en el lado amarillo y algo menos en el blanquiazul. Ellos llegan líderes, con solo tres derrotas en Liga y con una solvencia a la hora de resolver los partidos que les convierte en el equipo más peligroso de la Liga. Además, está la posición en la que se encuentra el Tenerife. En clara mejoría tras los últimos partidos, pero en una situación que no invita al optimismo…
Pero… ¡qué demonios! ¡¡Me olvido de todo esto!! Vamos este domingo al Gran Canaria a dejarnos el alma como en cada derbi. A que los nuestros se sientan arropados y orgullosos de tenerles en la grada animando y partiéndose el pecho por defender nuestros colores. Serán 700 en Gran Canaria y miles desde Tenerife enviando el aliento para que el equipo no se sienta solo. Eso es lo más importante. Luego el partido será el que será. Y es que, por mucho que piense en frío los condicionantes del partido, solo tengo ganas de levantarme este domingo temprano para trabajar y llegar al Estadio para vivir el partido más bonito. ¡A por ellos!