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Hambre (15-6-15), por @RondosCutillas

Junio llega a su ecuador y los despachos de los clubes de fútbol cobran vida otra vez. Renovaciones, reuniones, altas, bajas. Un periodo de mercadeo en el que, cuando no dispones de los recursos económicos de los más poderosos, es básico tener a alguien que sepa buscar, elegir y, sobre todo, convencer a los candidatos de que su proyecto es el más adecuado. Ese es el camino más corto para que el jugador que ocupa el primer puesto en tu lista de prioridades para una determinada demarcación acabe siendo presentado con tu camiseta.

Es en este periodo de diseño y confección donde comienza a gestarse lo que tu equipo va a ser capaz de dar sobre el césped el próximo curso. Hay que ser listo y rápido, pero también cauteloso y discreto. Sobre todo porque, a veces, esas negociaciones quedan chafadas porque ha trascendido la identidad de ese objetivo que habías visto antes que nadie. Entonces la competencia, poniendo más recursos económicos que tú encima de la mesa, puede arrebatártelo tras beneficiarse de tu buen ojo.

Entramos también en un tiempo apasionante para el periodista. Unas semanas en las que esos contactos que has hecho durante años con este o aquel representante pueden servirte de mucho. Y unos días en los que, en ocasiones, debes callarte cosas que sabes (al menos durante un corto margen) para evitar chafarle un buen traspaso a una de tus fuentes. O para evitar que el club del que informas todos los días se acuerde de tu madre por ‘levantar la liebre’ antes de tiempo.

Esta bendita profesión me ha brindado la oportunidad de conocer a mucha gente que entendía estas semanas como un tiempo en el que es necesario retroalimentarse. Y también a otros que, interesadamente, te mostraban únicamente la parte que a ellos les convenía para revalorizar, perjudicar, agilizar, entorpecer o hundir una determinada operación.

También pude vivir de cerca la gestación de plantillas inolvidables, que dieron grandes alegrías al Tenerife en forma de ascenso. Grupos formados, en su mayoría, por jugadores nacionales. Por jóvenes sin demasiada experiencia en Segunda División que habían dejado, a cuentagotas, muestras de su talento en otros clubes de menor exigencia clasificatoria que el nuestro. Y cuya ambición futbolística les llevó a aceptar la propuesta de venir aquí para intentar crecer junto a un proyecto en el que sabían que iban a poder sentirse protagonistas.

Gente como Luis García, Antonio Hidalgo, Curro Torres, José Luis Martí, Mista o Alejandro Alfaro llegaron a la isla siendo unos perfectos desconocidos para la gran mayoría tras su paso por los filiales del Barcelona, Valencia, Mallorca, Real Madrid o Sevilla. Pero todos ellos aceptaron venir porque alguien los convenció de que aquí iban a revalorizarse si, junto al resto de sus compañeros, eran capaces de mirar la clasificación calculando hacia arriba.

El delantero Pedro Martín, formado en el filial del Atlético en Segunda B, apuntó buenas maneras el pasado curso en el Mirandés después de que las lesiones no le dejasen adaptarse a la categoría un año antes con el Numancia. De todos los que han sido asociados al Tenerife, el de Martín es el primer nombre que cumple con todos los requisitos que he escrito más arriba. Así que, para volver a acertar con los fichajes, no vendría mal rescatar una fórmula que funcionó bien en el pasado: traer otra vez a futbolistas jóvenes que tengan hambre.