Por @Maverickgold
Las casas de apuestas lo tienen claro. El triunfo del Club Deportivo Tenerife en Oviedo se paga alto. Similar confianza en el equipo de Martí tienen buena parte de los aficionados blanquiazules, que no se atreven a apostar un par de euros a que el Tenerife es capaz de sumar tres puntos en Oviedo. El grado de desconfianza es tal, que casi se asume con naturalidad la derrota antes de la disputa del partido. Es lo que detecto y no me extraña.
El desánimo que se ha instalado en la parroquia local es magno. Los signos que se envían desde dentro tampoco ayudan a generar expectativas positivas con un equipo que no trasmite buenas vibraciones en líneas generales. Hay quién lo achaca a la mediocridad que desprende un club en estado casi vegetativo. Puede ser. Pero no es menos palpable que ahora todo lo “chungo” se exporta mejor.
Que el Tenerife es un club imperfecto lo saben hasta en Vietnam. Nos hemos cansado de repetirlo por activa y pasiva hasta el aburrimiento. Pero yo no me quedo ahí. No me cuentes el problema sino dame soluciones. Soluciones a corto plazo son más difíciles de hallar, pero creo que las puede haber para sumar ese puñado de puntos que nos aleje de los temores de la zona fría. El asunto es que no basta. Todos queremos un coche mejor, una casa mejor, un colchón mejor, y hasta una vida mejor.
Pero obviamos algo. En la búsqueda de algo mejor no llegamos a encontrar el punto de felicidad parcial. Pedimos que se marche Concepción –ya le queda menos-. Imploramos porque se marchen los guionistas de este mal trazado simulacro de proyecto, y esperamos que el maná caiga del cielo cualquier día de estos. El cambio llegará. Cuando pase veremos si realmente era tan difícil hacer la tarea mínimamente bien.
Pero mientras tanto no desdeñemos la posibilidad de que se pueda ganar a un rival como el Real Oviedo. Si esa es la naturaleza con la que afrontamos el día a día, no me sorprende en absoluto como muchos no aparecen por el estadio ni regalándole una entrada. Seguramente nos merecemos más de lo que tenemos. Pero a veces me planteo si lo que nos mecemos no está relacionado con la forma en la que lo buscamos. Con desgana y desconfianza todo se empina mucho más.