Por @rondoscutillas
Me siento al teclado con la incertidumbre de no saber qué pasará en los próximos párrafos. Con la convicción de tener dos o tres ideas que espero ser capaz de desarrollar. Y con un sinfín de sensaciones que hacía tiempo que no experimentaba al escribir. Es el cosquilleo de divisar la meta. El convencimiento de que el éxito está tan cerca que casi se puede tocar. Y la certeza de que, con esta plantilla y esta afición, somos capaces de tumbar a cualquiera. Lo experimentado en las horas previas al partido con el Cádiz, durante el choque y al final es lo más parecido a mezclar el café con la Coca Cola. Pero, en el fondo, es lo que queríamos vivir. Y ahora que por fin ha llegado, hay que saborearlo.
La referencia del último choque debe ser el punto de partida para construir otra vez un ambiente espectacular en el Heliodoro, el escenario donde soñar a lo grande nunca es delito. Lo hicimos cuando aquellos irreductibles de Joanet le pintaron la cara al poderoso Betis, que hincó la rodilla cegado por el brillo de una emergente estrella panameña. También lo hemos logrado en otras muchas ocasiones posteriores. Y anteriores a aquel mágico 1989, en el que un miércoles de finales de junio, como hoy y también de noche, nació el mejor Tenerife.
Ahora, como aquella vez, el rival tiene un pedigrí más reciente en Primera. Goza del favor de los medios nacionales, autoproclamados neutrales frente a la prensa localista, pero de los que ya sabemos que son los primeros en mirarse el ombligo, influir y poner el grito en el cielo cuando les tocan a los suyos.
Lo que más temo del Getafe es su bloque. La calidad individual de determinados jugadores de su plantilla y su capacidad para tocar determinados resortes de los que manejan el tinglado del fútbol. Sinceramente, no recuerdo a ningún equipo al que le hayan quitado una amarilla tras el primer partido de playoff (Portillo), otra después del segundo (Faurlin) y al que una roja (la de Pacheco) se tornase en un castigo de un solo partido.
De esta eliminatoria también temo a su presidente, Ángel Torres, y su dinero que todo lo compra. Y al ‘fútbol contact’ que promulga su entrenador, José Bordalás. Espero que el árbitro de hoy corte el juego violento y no permita, por ejemplo, lo que ocurrió en el partido de Liga celebrado en el Alfonso Pérez. Porque aquí, amigos del Getafe, los tenemos ya bastante ‘Cala-dos’. A ver si el equipo arbitral está atento esta vez al habitual ‘reparto’ del andaluz, del ‘Cata’ Díaz, de Damián…, y del resto de escuderos de la cofradía de la macana y el fútbol troglodita al que sus defensores revisten con el eufemismo de equipo con oficio.
A Bordalás, que debe tener como libro de cabecera el manual del perfecto godo, le pido que se ahorre los siete males que le dan cada vez que se sube a un avión y hace un trayecto de algo más de dos horas. Lo tienes fácil. No subas a Primera y lo hacemos nosotros. Así te evitas volar para jugar contra la UD Las Palmas y te quedas en una Segunda sin equipos canarios. Lo ganas en salud y, de paso, te evitas el jet-lag, los sofocones y nos dejas tranquilitos en nuestras islas.
Concluyo la semana con un ruego que quizá suene a obligación. Sean positivos. Crean en este equipo. Déjense la voz en el estadio por última vez esta temporada. Fabriquen otra noche mágica en el Heliodoro como la de aquel junio de 1989. Y empujen. Unidos todo es posible. Solo hay que dejarse llevar y luchar, entre todos, para que las cosas sucedan. Hagámoslo.